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Europa sobre Donald Trump: “Con amigos como él quién necesita enemigos”

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, llega a una cena con líderes europeos en Sofía. EFE

No es normal escuchar a un líder europeo denunciar en voz muy alta “la asertividad caprichosa de la administración estadounidense”. No es normal asemejar a los principales aliados desde 1945 a los “desafíos políticos tradicionales como el ascenso de China o la postura agresiva de Rusia”.

Y es increíble que un presidente del Consejo Europeo, como Donald Tusk, diga, valorando las últimas decisiones del presidente Trump, que “alguien podría pensar: con amigos como ese quién necesita enemigos”. Pero en el mundo actual ya nada es normal, los registros son diferentes y cada vez más actores asumen que no vivimos una época de cambios sino un cambio de época.

A principios de 2017, apenas unos días después de que Donald Trump jurara el cargo, Tusk envió una carta durísima a los jefes de Estado y de Gobierno comunitarios. En ella, calificaba ya al nuevo presidente como una “amenaza para la UE”, al nivel de Rusia, China o el Islam radical. Le tildaba de “demagogo” y pedía una rebelión a los líderes continentales “para defender la dignidad de Europa”. Fue la reacción más fuerte, sin duda la más sincera y la más arriesgada, pero cayó en saco roto.

Los líderes le dieron la espalda y aguaron la propuesta. No tuvieron “el coraje” para “ponerse en pie” y plantar cara. Optaron por la otra mejilla, por la paciencia. Por confiar en que el tiempo, las instituciones y el peso del establishment atenuaran y contuvieran el ímpetu y la volatilidad del comandante en jefe.

Evidentemente, no ha sido así.Año y medio después se ha superado la fase de la negación y Europa hace frente, con dudas, respeto y mucha incertidumbre, a la realidad.

EEUU no es el aliado que fue y quizás no vuelva a serlo en mucho tiempo. Europa está sola en un tablero global dominado por potencias autoritarias y en medio de una crisis general del liberalismo y sus valores.

Y toca mover ficha. Lo ocurrido con el cambio climático, con los aranceles comerciales al acero y el aluminio. La retirada unilateral del acuerdo nuclear con Irán y la decisión de abrir una embajada en Jerusalén han colmado la paciencia y cada vez son las voces que piden un giro real.

Porque la alternativa es diluirse hasta la insignificancia”No tengo dudas de que en el nuevo juego global Europa será o uno de los principales actores o un peón. Esta es la única disyuntiva real.

Para ser el sujeto y no el objeto de la política global, Europa debe estar unida económica, política y militarmente como nunca antes. Para decirlo simplemente: o estamos juntos o no estaremos”, avisó este miércoles desde Bulgaria Tusk. “Los líderes se dan cuenta de que estamos ante un proceso muy serio. Nadie puede evadir su responsabilidad”, coincide una alta fuente diplomática presente en los debates de las últimas semanas. Macron fue a Washington a intentar poner límites.

Merkel, resignada tras salir de la Casa Blanca con las manos vacías, volvió a decir la semana pasada que “la época en la que podíamos confiar en EEUU se acabó. Europa debe poner su destino en sus propias manos”. Para eso, en buena parte, este miércoles los líderes de los 28 se vieron las caras para estudiar los próximos movimientos. Se mire hacia donde se mire, la actualidad tiene el pelo rubio y una cuenta de Twitter muy activa. Europa quiere moverse pero no sabe cómo.

Pide unidad, firmeza, pero no está preparada para caminar en solitario. Cree que el pacto con Irán es vital, pero no hay una mayoría dispuesta a dar la espalda a Washington para defender a Teherán. Hay denuncia por lo ocurrido en Gaza, pero no consenso para subir el tono con Israel. Hay margen para la retórica, para las palabras, pero mucho menos para las acciones. “El futuro tiene muchos nombres: para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido.

Para los valientes, la oportunidad”, escribió Víctor Hugo.Nadie más quiso hablar desde Bulgaria. Dejaron que el del polaco fuera el mensaje, el único. Para que llegara sin interferencias ni matices. No es algo que desde luego vaya a impresionar a nadie en Pekín, Moscú o Washington, pero en el código elitista de la burbuja europea es casi una revolución.”Hablando francamente, Europa debería estar agradecida al presidente Trump, porque gracias a él nos hemos deshecho de todas las ilusiones”, ironizó Tusk en Sofía. “Europa debe hacer todo lo que esté a su alcance para proteger, a pesar del estado de ánimo actual, el vínculo transatlántico.

Pero, al mismo tiempo, debemos estar preparados para esos escenarios en los que tendremos que actuar por nuestra cuenta. No existe una sola razón objetiva por la cual Europa debería tener complejos. Ser europeo es una razón para estar orgullosos. Tenemos el derecho y la obligación de mantener la cabeza en alto, tanto cuando estamos con nuestros enemigos como cuando estamos con nuestros amigos.

Y de esto es de lo que, en cierto sentido, se tratará nuestra cumbre”, resumió el presidente del Consejo Europeo.

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