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Estudiantes de arte reconstruyen los rostros de inmigrantes fallecidos en la frontera para ayudar a identificarlos

Yahoo Noticias/Perdieron la vida en busca  de una vida mejor. Sus cuerpos, sus historias y sus ilusiones quedaron esparcidos en el desierto de Arizona cuando intentaban llegar a Estados Unidos. Sus familias no volvieron a saber de ellos. Hoy, sus rostros asoman por las ventanas de la Academia de Arte de Nueva York. Parecen haber revivido para dar respuesta a los seres queridos que dejaron detrás.

Están allí gracias a los estudiantes del Taller de Escultura Forense de dicha academia, quienes reconstruyen rostros utilizando réplicas de cráneos de personas fallecidas no identificadas. El asombroso trabajo, que fusiona la ciencia, el arte y la antropología, tiene un fin humanitario: la esperanza de que estos cuerpos puedan ser reconocidos, ya que las pruebas de ADN y comparaciones dentales no han arrojado ninguna pista.

El taller creativo es impartido por Joe Mullins, un artista forense del Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados, y es el único en el mundo que se dedica a la reconstrucción facial de cadáveres NN, según indica el profesor en una entrevista con el New York Times. El curso refleja la creciente sofisticación en este campo y es especialmente útil en casos de delincuencia o desastres masivos.

Los jóvenes estudiantes de posgrado, cuya estricta formación incluye la anatomía, trabajan con réplicas de los cráneos de los hombres hechas con una impresora 3D con base en tomografías computarizadas, ya que los cráneos originales son evidencia forense.

“La Academia enseña anatomía para que los artistas conozcan la figura humana lo suficientemente bien como para representarla desde su imaginación, sin tener que depender de que un modelo esté presente como referencia”, dice David Hratz, presidente de la NYAA, al periódico.

“Como si estuvieras resucitando a alguien”

Marco Palli, uno de los alumnos del taller, tuvo una experiencia muy gratificante con uno de los cráneos que reconstruyó, comenta durante un documental del portal Great Big Story: “Con mi primera escultura, el año pasado, tuve la suerte de que la persona que reconstruí fue identificada y recibí una hermosa carta de la familia de la víctima diciéndome gracias”.

El proceso artístico puede durar unas 50 horas aproximadamente y lleva varias etapas. “Utilizamos una copia de los cráneos, no los reales, para poder reconstruir la anatomía de estos individuos”, describe Palli. “Primero colocamos los músculos, siguiendo las marcas de impresión dadas por el hueso y luego tratamos de completar aquellas partes que no están tan claras como las orejas y la boca”.

Más allá de las técnicas, los alumnos aplican también su imaginación y análisis para determinar cómo sería la expresión o la cara de cada persona. Y cuentan que muchas veces sienten una conexión especial con el sujeto que están recreando, algo extraño o mágico.

“Cuando ves este proceso sientes como si los estuvieras resucitando, pero sé que más allá de eso, lo que uno está resucitando es la vida de estas familias que están buscando a una persona”, dice Palli.

Stefanía Parepinto, otra alumna del taller, cuenta también que el proceso tiene una carga emotiva muy grande para ella, en una entrevista con Barry Mitchell. “Se trata de personas que han muerto, que estaban perdidas o que las han matado”, explica y dice que al mirar sus rostros imagina que están diciéndole: “Ayúdame”.

Los alumnos dicen que a medida que los rostros fueron tomando forma, el salón del taller comenzó a tener el aire de un espacio sagrado. “Es algo escalofriante”, dice Michael Fusco, estudiante. “Se convierten en personas”.

Hasta ahora han reconstruido a ocho inmigrantes, dos de los cuales han sido reconocidos por sus familiares. Pero el desierto de Arizona todavía esconde una cantidad indeterminada de desaparecidos, así que el trabajo de este taller seguramente continuará.

Más inmigrantes que mueren en la frontera

Las últimas medidas del gobierno de EEUU han dado como resultado que sean cada vez menos las personas que cruzan la frontera de este país con México, pero las muertes han aumentado, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones de las Naciones Unidas.

Los “Mapas de la muerte” que elabora la Iniciativa OpenGIS de Arizona para los Migrantes Fallecidos muestran por ejemplo, que desde 2001, y tan solo en el condado de Pima, se han encontrado los restos de aproximadamente 2,800 inmigrantes, de los cuales solo se han identificado alrededor de mil personas. En lo que va de 2018, se han reportado 45 fallecimientos en total, en la frontera de México y EEUU.

Los fallecimientos se deben en gran medida a que los migrantes se ven obligados a cruzar por terrenos más remotos e inhóspitos después de que se han puesto leyes fronterizas más estrictas y se aplican fuertes políticas de deportación.

“Cualquiera que pase algún tiempo en este paisaje lo hace con el conocimiento de la escala de muerte y devastación”, sostiene Robin Reineke, cofundadora y directora ejecutiva del Centro Colibrí de Derechos Humanos en Tucson, una organización de defensoría que reporta a los migrantes desaparecidos y realiza búsquedas de ADN. “Es impresionante dado el silencio que nuestro país guarda al respecto”, agrega, en una entrevista con el New York Times.

 

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