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Entender la equidad

 

Opinión-colorErick Zúñiga

Equidad, concepto provisto de un significado trascendental y, sin embargo, vapuleado por la demagogia de un sin fin de voces irresponsables.Palabra convertida en un cliché más del glosario político de nuestro acontecer.

Complemento ideal de tantas frases vacías que se diluyen en el aire por su carencia de cuerpo, de corazón, de sustancia… de verdad y aplicación palpables.

Equidad: el gran secreto para conseguir el equilibrio de nuestras sociedades. ¿Cuántos anuncios de cambio no han sido proferidos esgrimiendo la equidad? ¿Cuántos intentos de evolución social no han prometido su existencia?…

He aquí uno de los grandes conflictos de nuestra historia: vivimos en un mundo donde se promete lo que, por defecto, tiene que ser garantía y derecho.

Como ciudadanos comprometidos con la defensa de los derechos humanos, debe ser nuestro deber denunciar los errores que deterioran la labor de nuestros gobernantes como gestores de las transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales.

Por ello, la reflexión de hoy en torno a la equidad, cuya definición la convierte en uno de los términos más valiosos para lograr sociedades verdaderamente justas y con oportunidades que faculten un desarrollo sostenible.

Definitivamente, la equidad, esa demanda de imparcialidad, no puede ser únicamente un concepto promocional de campaña, sino una actitud a demostrarse y promoverse desde el interior de nuestras instituciones políticas.

No bastará jamás con articular discursos y mensajes gráficos inteligentes envueltos en una elocuencia perfecta, en una seducción irresistible.

Debe predicarse con el ejemplo generando resultados observables, cuantificables, comenzando por dar cabida a las mujeres y jóvenes dentro de nuestros partidos políticos; a la divergencia de opiniones, a la participación activa y relevante de nuestros militantes, a la construcción de espacios de decisión para todos los que han trabajado para merecerlos.

Y desde el núcleo de nuestras organizaciones políticas, engrandecer esta noción con acciones eficientes para que la gente de México pueda abrazar un país con una mejor distribución de la riqueza, con nuevas leyes que aseguren la igualdad de género y la no discriminación a ningún grupo o sector de la sociedad.

Como todos los mayores avances en política, se debe pugnar por el trabajo en equipo y el fortalecimiento interior para alcanzar metas a gran escala. Ésta es la manera correcta de reivindicar la promoción de la equidad; el remedio más efectivo para contrarrestar las lesiones que la verborrea sin argumentos le continúa provocado a la democracia mexicana.

Todas las transformaciones que México necesita, parten de la defensa incansable de los derechos humanos, y nuestra máxima tarea como líderes de la nación, es actuar en correspondencia con este precepto. Por ello, realizo este exhorto convencida de que el compromiso desde nuestra posición es crucial para hacer posible la revolución de México.

Rescatar la equidad desde nuestro actuar congruente es un requerimiento indispensable para reconstruir la relación entre políticos y ciudadanía; sólo resarciendo este vínculo simbiótico podremos anunciar que los grandes cambios están comenzando.

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