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Elecciones bien, campañas mal

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Una vez concluidas la mayoría de las etapas del proceso electoral, los festejos y las derrotas, más allá de los saldos esperados, los no esperados y los que sorprendieron a propios y extraños, a crédulos e incrédulos, los que participamos en la cosa política, desde las dirigencias partidistas y su militancia, los legisladores, los formadores de opinión, los académicos, los ciudadanos que salieron a votar y hasta los que no, estamos obligados a reflexionar sobre la vigencia de nuestro sistema de partidos, y sobre la viabilidad de las reformas político-electorales que recientemente aprobamos, con el consenso de la mayoría de los partidos en escena.

Si bien las elecciones se desarrollaron, contrario a lo que se esperaba, en un ambiente de civilidad y con la participación ciudadana pronosticada, lejos de ser una fiesta de la democracia, en el imaginario colectivo solo se profundizó un desánimo y desencanto por el común denominador que marcaron las campañas políticas: la guerra sucia y la intervención de llamadas telefónicas.

Está claro que las comunicaciones privadas son inviolables, y que aquel que atenta contra la libertad y privacía de las mismas, incurre en un delito. La filtración de llamadas jugó un papel determinante en la definición del resultado de algunas candidaturas, pero más allá de eso, ocasionó un daño y un retroceso a todo el avance y a la lucha, por la construcción de nuestro sistema democrático y electoral.

Los que creemos y hemos participado en la consolidación de nuestro sistema de representación, no coincidimos con estas prácticas ilegales y tampoco las justificamos, aun cuando éstas ponen en evidencia la comisión de un delito y mucho menos cuando se realizan con la intención dolosa de descalificar y denostar a un candidato para ganar un cargo de representación popular.

Todas estas formas antidemocráticas han minado a nuestro sistema de partidos, como la instancia de representación y medio de comunicación entre la sociedad y su gobierno.

De acuerdo a algunos índices sobre percepción de la corrupción en las instituciones pilares de cualquier democracia (Poder Legislativo, Poder Judicial, Administración Pública, Ejército, Policía y partidos políticos), desafortunadamente estos últimos son los peor calificados por la ciudadanía. Aunque este indicador es similar en países como Brasil, Chile y España, en México se hace evidente que algunos partidos dejaron de ser la cámara de compensación de intereses y proyectos para hacer posible el ejercicio legítimo del gobierno, y se enrolaron en intereses personales.

Ante este escenario, estamos obligados a reflexionar y hacer un replanteamiento al interior de nuestros partidos y del propio sistema, para que podamos trascender el avance democrático que nos hemos dado y así poder implementar acciones que nos permitan retomar la confianza ciudadana, pero sobre todo, involucrar a ésta en los procesos trasformadores.

Las recién aprobadas reformas estructurales dan muestra de la madurez política que vive el país, y se vuelve el momento de encausar la pluralidad política, síntoma de una sana democracia, para lograr su pleno funcionamiento y detonar de una vez por todas, el potencial económico que tiene México.

Lo mejor de la gran red

Afortunadamente la neutralidad de internet empieza a transitar de las circulares a la ley, de los criterios del ejecutivo y sus agencias hacia el mandato del legislador, ganando espacios en la agenda pública en todo el orbe.

La neutralidad es uno de los grandes principios sobre los que se construyó el Internet originario. Se expresa fundamentalmente en que todo lo que se transmite en la red se debe transmitir del mismo modo, sin discriminar ni distinguir el contenido de los paquetes. Supone también dispensar el mismo trato a todos los datos que circulan por la red sin que haya prioridad ni jerarquía de unos sobre otros y que no se impida a algunos de plano circular, de forma que la red sea siempre la misma para todos los usuarios. Según los especialistas, desde la perspectiva de los derechos fundamentales, “la neutralidad de la red equivale al principio de igualdad y no discriminación de los usuarios de la red y su defensa es esencial de cara a evitar que en el futuro Internet acabe bajo el control de unos pocos.”

En este sentido, junto a la transparencia, el acceso a la información pública y la protección de los datos personales, la premisa neutral deviene uno de los grandes debates contemporáneos en materia de libertades públicas y sus garantías. La discusión resulta de primer orden aún en nuestra peculiar versión de la industria de las telecomunicaciones.

Es más, precisamente por el sabido subdesarrollo en precios, servicios, acceso y cobertura, así como el evidente déficit en materia de remedios legales contra incumplimiento de los proveedores y la debilidad de la autoridad reguladora, la neutralidad de la red en nuestro país merece mayor atención del gobierno en general, pero del Congreso en particular.

Âgando cuotas

Como ocurre siempre, los partidos políticos utilizaron las candidaturas a diputados federales por el principio de representación proporcional (plurinominales) para pagar cuotas o para colocar a sus cuates. Cuatro de los ocho partidos que conservaron registro investirán de fuero a sus actuales dirigentes nacionales.

Es el caso de César Camacho, del PRI; Gustavo Madero, del PAN; Hugo Erick Flores, del PES, y Jesús Zambrano, del PRD.

Zambrano no es el dirigente formal del PRD, pero es, junto con Jesús Ortega, quien en los hechos maneja los hilos de ese partido.

El PRI y el PVEM crearán una nueva telebancada con Tristán Canales, vicepresidente de TV Azteca; Paloma Canales, ex coordinadora de Logística de Televisa; Adriana Sarur, conductora de Canal 40, y Carmen Salinas, artista exclusiva de Televisa.

Por la vía plurinominal el PRI hizo diputados a Silvana Beltrones, hija del actual coordinador de este partido en San Lázaro, Manlio Fabio Beltrones; Tomás Montoya Díaz, hijo de la senadora Cristina Díaz, y Mariana Benítez Tiburcio, ex procuradora de la República muy cercana a Jesús Murillo Karam.

El PAN hizo diputados federales a Eukid Castañón Herrera, principal operador del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle; Cecilia Romero, veterana panista que difícilmente se aleja del poder, y al ex priista Miguel Ángel Yunes, entre otros cuates de Madero.

El PRD hizo diputado por la vía fácil a Guadalupe Acosta Naranjo, otro distinguido integrante de Los Chuchos, y a Hortensia Aragón, integrante de Foro Nuevo Sol, que encabeza Amalia García.

MC utilizó las pluris para hacer diputado federal al ex dirigente nacional del PAN, Manuel Espino; al ex dirigente del SNTE, Rafael Ochoa Zaragoza, y a René Cervera, principal operador del ex jefe del GDF, Marcelo Ebrard.

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