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El todo por el todo

OpiniónErick Zúñiga

La más reciente novela del gran escritor Amos Oz constituye una poderosa provocación a pensar en torno a cuestiones esenciales para quienes están dedicados a los asuntos públicos: ¿hasta dónde es posible llevar los límites de la lealtad?; y, ¿hasta dónde una causa vale la pena para jugársela el todo por el todo?

Hay una tercera idea vinculada a lo anterior: la de la capacidad de sacrificio, en el sentido de la quinta acepción del Diccionario de la lengua española: “Peligro o trabajos graves a que se somete una persona”; es decir, la capacidad de dar todo, independientemente del esfuerzo y costo personal que ello representa.

La historia de los cuatro evangelios cristianos es cruel respecto de Judas Iscariote, quizá el personaje más fascinante de esta religión, al lado desde luego de Jesús de Nazaret. En los tres evangelios sinópticos y en el evangelio de Juan la personalidad de Judas es descrita como la de un ladrón y un traidor.

Quizá es Juan quien trata de peor y más envidiosa manera a Judas. En el pasaje relativo a la unción de Jesús en Betania hay un pasaje revelador. La escena es la casa de Lázaro resucitado. Al finalizar, María, hermana de Lázaro, utiliza un perfume que es elaborado con base en flores de nardo puro, de “muy alto precio”, con el que unge los cabellos y pies de Jesús.

Reproduzco de este evangelio a partir de 12:4 hasta 12:8: “Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, más a mí no siempre me tendréis”.

Frente a la tradición, el pasaje puede ser leído desde un giro basado en la perspectiva que Girard habría de llamar del “chivo expiatorio”. Juan decreta que Judas es un ladrón, y que su preocupación por los pobres es falsaria. Empero, a la luz del propio Evangelio de Judas y de la audaz interpretación de Nikos Kazantzakis -en su novela “La última tentación de Cristo”-, cabe pensar que muy probablemente Judas haya sido el discípulo de mayor congruencia y apego a las enseñanzas de Jesús.

El reproche de Judas en el pasaje citado es plenamente válido; en los propios evangelios hay un pasaje en que Jesús le dice a quienes quieran seguirlo que deben estar dispuestos a dejarlo todo: casa, familia, trabajo, posesiones. Toda la propuesta cristiana a favor de los pobres significa eso: renuncia personal a favor de los demás; siendo así, Judas tendría plena razón.

Regresando al Evangelio de Judas, en él se encuentra una historia radicalmente opuesta a la que ha estado vigente durante dos mil años: Judas “traiciona” a Jesús porque es él mismo quien se lo pide. Desde esta perspectiva, el diálogo sobre el tema de la novela de Kazantzakis es tremendo: a la pregunta de Judas de por qué le pide tal cosa, Jesús responde: “a mí Dios me dio la tarea más sencilla: morir en la cruz”.

¿Cuántos de nuestros líderes estarían dispuestos a una acción de tal magnitud, para lograr sacar, por ejemplo, al país de la trampa de la pobreza y la desigualdad en que estamos sumidos?

¿Cuántos tendrían un comportamiento tan ejemplar para señalare a sus jefes que las acciones que están desarrollando se alejan de la misión y proyecto que encabezan y pagar el costo de la lealtad a ese nivel?

Amos Oz nos plantea una perspectiva desde la que es imposible no pensar que hoy, en medio de tanto dolor, violencia, pobreza y desigualdades, que nos hacen falta algunos Judas.

 Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Experiencia migrante

Cada día que pasa lo confirmo, soy un hombre mayor. Me da gusto. Lo disfruto. Y aquel viejo adagio, aquel viejo refrán, aquel viejo aforismo se cumple a la letra: todo tiempo pasado fue mejor. Hubo una época, hubo un tiempo en que eran historietas, no “cómics”; decíamos “autos chuecos”, ilegales, no “autos chocolate”; los mariguanos de los barrios bravos fumaban un “churro”, no un “porro”. En mi época eran “braceros” no inmigrantes.

En fin, los ejemplos son interminables, pero lo anterior sirve como contexto para ver cómo se ha ido perdiendo el idioma, los giros idiomáticos y la jerga norteña para adoptar frases y términos defeños, ibéricos y, sobre todo, palabras y frases sin mayor lustre, una especie de domesticación del idioma para hacernos ciudadanos políticamente correctos.

Antes decíamos patria (el lugar de nuestros padres) para hoy adoptar un vago término jurídico, nación. En fin, nada nuevo en estos tiempos de internet y goces pasivos ante la computadora que todo lo pudre. Braceros; en mis mocedades así les decíamos a los primos, tíos, amigos los cuales se iban periódicamente a los Estados Unidos de Norteamérica a trabajar por temporadas, para luego regresar con regalos y dólares. No hartos dólares, pero sí con los suficientes para vivir dignamente una temporada y luego… regresar a EU. No eran inmigrantes, como les dice el monje Raúl Vera, de lo cual ha hecho su farándula y oropel; eran braceros. Y esto se me había perdido en un rincón de mi memoria ya marchita, lo cual ahora ha sido refrescado merced a un excelente libro el cual ha puesto en mi mano para su lectura, el maestro Baltasar Hernández.

El libro se titula “La Experiencia Migrante. Iconografía de la Migración México-Estados Unidos”, de la autoría conjunta de Jorge Durand y Patricia Arias para la editorial Altexto, obra la cual les valió una beca de The Rockefeller Foundation, Fundación Cultural Bancomer y el Fideicomiso para la Cultura México-Estados Unidos. El maestro Baltasar Hernández me lo había comentado, como quien paladea un buen dulce y me acotaba, “tan pronto lo termine de revisar, lo pongo en su mano maestro Cedillo. La migración ha estado presente desde siempre, siempre”. Tiene razón el académico, la historia de EU está construida sobre un caudal migratorio procedente de todas partes del mundo que alcanzó su culmen entre 1880 y 1924 con la construcción de las vías ferroviarias que alcanzaron a México. En estos lustros llegaron 26 millones de personas, 26 millones de braceros (Chermayeff, Ivan) insisto, de casi todas partes del orbe.

Pero, ¿cuál es la gran diferencia, la abismal diferencia entre los millones de migrantes irlandeses, italianos, rusos, chinos, e incluso, hondureños o  guatemaltecos, con los braceros y trabajadores mexicanos? Los nacionales han tenido como horizonte y merced a la vecindad, el retorno al terruño, el retorno al pueblo, regresar a los orígenes. En una frontera volátil y porosa, y no siempre con las oportunidades y éxito personal el cual sale en las películas, pero no resulta en la vida real, el regresar a México si las cosas “no salen bien o como se esperaba”, ha sido un mal endémico en los migrantes.

El libro, como se indica en su tapa, es una espléndida investigación iconográfica donde hay cientos de fotografías, recortes de prensa de ambos países, caricaturas, fotos de las familias de su archivo personal, mapas y documentos que hacen de este volumen, algo único y de colección. Amén, claro, de los espléndidos textos que se redactaron exprofeso para documentar la iconografía buscada lo mismo en archivos públicos y bibliotecas, que en álbumes familiares y en pueblos de México y EU.

Hay un capítulo dedicado al belicoso general Francisco Villa, que invadió Columbus, EU, la noche del 9 de marzo de 1916, la única ocasión en que un ejército extranjero ha invadido al poderoso vecino del norte.

La niñez y sus derechos

El miércoles fue un día marcado por el especial interés que hay sobre la niñez mexicana.      En Los Pinos, el presidente Enrique Peña Nieto instaló el sistema Nacional de Protección a Niñas, Niños y Adolescentes que reconoce que la responsabilidad en la protección a éste sector de la población es de la familia, pero también del Estado y la sociedad.

Por la tarde, en el Senado se realizó una reunión de la comisión de Radio, Televisión y Cinematografía del Senado y la Comisión de Radio y Televisión de la Cámara de Diputados con funcionarios de la Secretaría de Gobernación para debatir la clasificación de programas y horarios, además de los derechos de la niñez y la libertad de expresión.

En esa sesión, la senadora panista Marcela Torres ofreció un preocupante diagnóstico: en México existen 33 millones de infantes y adolescentes que ven la televisión al menos cuatro horas y media al día, programación donde sólo el 13 por ciento es apta para menores de edad, lo cual significa un mínimo porcentaje que favorece su desarrollo. A la hora de buscar un acuerdo en lo que a lineamientos de programación se refiere, chocaron las posturas de los legisladores.

El diputado de Morena, Virgilio Caballero, acusó que Andrés Chao, subsecretario de Normatividad de Medios de la Segob, defiende los lineamientos que permiten a las televisoras una bocanada de oxígeno porque han perdido audiencias entre la juventud.

Por su parte, la senadora del PRD, Dolores Padierna, subrayó que los lineamientos son medidas regresivas y contrarias al interés superior de la niñez, y violan el artículo 4º constitucional; además de que existe un desconocimiento de otros patrones. “México tenía un esquema, antes de estos lineamientos, muy semejante al de España; a partir de las cuatro de la tarde está prohibido pasar programas para adolescentes y adultos”, expuso.

En el mismo sentido, la senadora panista Marcela Torres Peimbert señaló que es inaudito que en tres días la Segob haya decidido recorrer los horarios, porque los niños son consumidores inmaduros, están expuestos a una programación no específica para ellos, que no alienta su desarrollo y atenta contra su salud mental.

Además, las estadísticas señalan que una de cada tres familias es homoparental. Por todo lo anterior, cuestionó si la Segob cumple con su obligación de tutelar el interés superior de la niñez.

No le falta razón a las legisladoras. Basta sentarse un rato con los niños a observar un segmento de cualquier programación en horario vespertino para darse cuenta que hay un absoluto irrespeto por la niñez. Están expuestos, no solo a alimentos chatarra, sino a contenidos que no ayudarán en su desarrollo.

Puntos de inspección

Las garitas, como puntos de inspección en la frontera entre México y Estados Unidos, juegan un papel trascendental para el crecimiento económico y comercial de la zona fronteriza, al ser el punto de entrada y salida de mercancías y personas que cruzan a diario la frontera con Estados Unidos, lo que les consolida como puntos estratégicos para el intercambio comercial entre ambos países.

Desde la segunda mitad del siglo XIX, la integración económica entre México y Estados Unidos se fue gestando gracias a la apertura económica hacia la nación estadunidense y la entrada de capital norteamericano para la construcción del ferrocarril.

El establecimiento del ferrocarril entre ambas naciones trajo como consecuencia la instauración de garitas en las ciudades fronterizas y consigo, el desarrollo económico de sus poblaciones. El incremento en el flujo de mercancías por estos centros generaba olas expansivas de desarrollo, al incrementar la dinámica comercial y ofrecer empleo a los pobladores.

Sin embargo, las garitas como actualmente las conocemos fueron implementadas en la frontera entre México y Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX como parte del proyecto de desarrollo económico en esta zona, específicamente el Programa de la Industria Maquiladora de Exportación, implementado en 1965 por el gobierno federal.

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