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El reto es hacerle frente

Opinión-colorErick Zúñiga

Es preciso reconocer una vez más que los mexicanos tenemos un grandioso país, con un impresionante acervo de riquezas: un territorio magnífico, una población dinámica, maravillosas y diversificadas cultura y tradiciones y, last but not least, valiosas instituciones democráticas, políticas, económicas y sociales, todo ello forjado en una historia milenaria.

Sí, la muy difícil crisis actual nos orilla a veces a la desesperanza y hasta a la auto denigración, de lo que tenemos que apartarnos con todo vigor, confiando en que las fortalezas de nuestro amado país pronto emergerán y saldremos del pozo en que a veces parecemos estar hundidos.

Claro, para lograrlo es necesario también airear el ambiente, por decirlo así; discutir activa y ampliamente los acontecimientos diarios, señalar las desviaciones evidentes, todo con el propósito de no dilapidar, ni tampoco rematar al extranjero, el patrimonio con que la Nación cuenta, proteger su territorio y sus riquezas naturales de la explotación irracional y de los cada vez más numerosos riesgos de corrupción ambiental. Que nuestro sistema político se renueve, se depure, para ganarse de nuevo la confianza que le han perdido los ciudadanos.

Que nuestro capital humano tenga cada vez más valor y sea más productivo, para lo cual han de enfocarse todos los esfuerzos a educarlo mejor, a prepararlo técnica y científicamente, a cultivarlo en los principios éticos, morales y de la mejor convivencia, lo que sólo podrá lograrse, como una primera condición, si nuestro sistema económico y productivo es suficientemente capaz de crear los recursos económicos necesarios para tan compleja tarea.

La segunda condición, posible solamente si se tiene éxito en la primera, es que los salarios, remuneraciones y prestaciones a los trabajadores, en todos los sectores y regiones, sean también suficientes para proporcionar a ellos y a sus familias un modo digno de vida y de trabajo.

La tercera condición tiene que ver con el desarrollo institucional y el Estado de Derecho, lo que también se le llama “capital social”, y aquí lo importante es que este elemento tenga cada vez más un carácter positivo, que haya la mayor confianza en el andamiaje institucional, en el sistema de procuración e impartición de justicia, con la obediencia generalizada a las leyes y a las mejores prácticas de concordia ciudadana, y el debido castigo a los que no respetan ese orden y a los que lo corrompen.

Que con ello nos alejemos definitivamente de la inseguridad y la violencia bárbara, lo que también requiere, con urgencia, un renovado esfuerzo en el progreso del sistema educativo formal, de maestros y escuelas públicas y privadas, e informal, como la televisión, cuyos canales, nacionales y extranjeros, se concentran tanto en la banalidad y en las historias de crimen y violencia. Aquí se requieren mucho mayores opciones de diversión y educación, con visiones positivas o constructivas de la vida.

Por otro lado, nuestro México tiene que buscar más activamente el importante lugar que le corresponde en un sistema internacional pacífico y ordenado, difícil objetivo en un mundo de 7 mil 300 millones de habitantes cada vez más competido, en el cual se irán generando tremendas disputas por el agua y otros recursos naturales, por los empleos escasos, incluso por espacios vitales, por lo que también le será esencial a nuestro país cuidar adecuadamente sus activos con los que afortunadamente cuenta al respecto, no dilapidarlos ni enajenarlos tan fácilmente.

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