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El detalle contradictorio que Donald Trump pasó por alto cuando decidió celebrar la semana de lo “Hecho en EEUU”

En su afán de poner a “Estados Unidos primero” y promover las industrias y los productos estadounidenses, el presidente Donald Trump declaró en la Casa Blanca la semana “Made in America”. El objetivo, válido en sí, sería impulsar a las empresas que producen en el país y con ello generan empleos para los estadounidenses. El detalle es que, en sus negocios privados, el propio Trump y su familia no han practicado con ese mismo celo el impulso a lo “Hecho en Estados Unidos”.

Como lo han señalado multitud de usuarios en las redes sociales, muchos de los productos de las marcas de Trump y de su hija Ivanka, por ejemplo, han sido fabricados en otros países. Entre ellos, como señala The Washington Post, figuran Bangladesh, China, Indonesia y México. Y se indica que la fabricación de los productos de la marca de Ivanka Trump se ha realizado por completo en plantas ubicadas en el extranjero, que pagan bajos salarios a sus trabajadores e incluso han sido señaladas como centros de abierta explotación.

Esa dicotomía, promover la manufactura estadounidense en el caso de otros pero recurrir a fábricas extranjeras en el propio, es una más de las numerosas contradicciones entre el discurso de Trump y la realidad, con el añadido de que el presidente, y antes el candidato, no sólo ha celebrado o defendido la producción nacional sino que, además, ha denostado a quienes manufacturan su productos en el extranjero y ha señalado a la transferencia de empleos del país al extranjero como una de las principales lacras que agobian a los trabajadores estadounidenses.

Una crítica que, por lo conocido, no se aplica a sí mismo, ni a las prendas marca Donald J. Trump hechas en México o a las que tienen etiquetas que a la par que muestran el nombre de Ivanka Trump señalan también la leyenda “Made in China”.

Y aunque podría decirse que las prácticas empresariales del pasado (motivadas presumiblemente en reducir costos de producción para lograr mayores utilidades) de las empresas de la familia Trump no necesariamente reflejan la opinión actual del presidente, lo cierto es que los voceros de la Casa Blanca, como señaló la televisora ABC, no ofrecieron una respuesta convincente ante la citada dicotomía ni a la pregunta de si las empresas de Trump o de su hija recurrirán ahora a fábricas en Estados Unidos, y no en el extranjero, para la manufactura de sus productos.

En cambio, como lo dijo el vocero presidencial Sean Spicer, la respuesta oficial ante esos cuestionamientos fue que “lo realmente importante es que la agenda del presidente –aliviar la carga regulatoria y fiscal– está enfocada en tratar de dejar claro que todas las compañías pueden contratar aquí, expandirse aquí, manufacturar aquí”.

Con todo, al parecer esas tres posibilidades no estarían a disposición de varios productos de marca con el apellido Trump, pues sobre la manufactura de éstos en el extranjero Spicer dijo que “en ciertos casos, hay ciertas cadenas de suministro o escalabilidad que podrían no estar disponibles en este país”. Convendría conocer cuáles son esas circunstancias que no estarían en Estados Unidos disponibles para las empresas de Trump y su familia y qué pasos estarían dando para sincronizarse con el objetivo del presidente de promover y celebrar lo “Hecho en Estados Unidos”.

Una celebración a lo que muchos productos con el apellido Trump simplemente no estarían invitados.

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