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El mejor bailarín del mundo es mexicano y se llama Isaac Hernández

Isaac Hernández, ganó el Prix Benois de la Danse 2018, el premio más prestigioso de la danza a nivel mundial, considerado “el Óscar de la danza”. El artista conversó con Newsweek en español en agosto del año pasado.

Newsweek/LOS BAILARINES tienen la oportunidad de convertir su realidad en otra distinta y volverse personas inexistentes a través de la libertad y la fuerza de cada uno de sus movimientos. El control sobre su cuerpo se vuelve adictivo. Subir, bajar, girar o volar permite transformar cada vibración en una palabra y generar una actitud sobre los espectadores, así describe Isaac Hernández el poder del ballet sobre un escenario.

En la cúspide de su carrera artística, el tapatío de 27 años habla con Newsweek en Español sobre la pasión que lo ha llevado a liberarse y conocer lo extraordinario en cada uno de los movimientos que lo han convertido en el mejor bailarín mexicano del mundo.

Influenciado por sus padres —bailarines profesionales de ballet—, desde los ocho años comenzó a bailar en el patio de su casa en Guadalajara, donde su papá era su maestro de ballet y su mamá fungía como su tutora y la de sus nueve hermanos. Desde pequeño, Isaac supo que quería dedicar su vida al baile, aunque implicaría una serie de sacrificios, como entrenar cuatro horas al día.

Sus esfuerzos dieron frutos en muy corto tiempo, primero al participar en competencias nacionales que lo llevarían a contender en el Youth America Grand Prix (YAGP) en Nueva York, la competencia de ballet más grande del mundo. A los 12 años ganó la medalla de oro y Grand Prix y eso cambió su vida, pues cinco de las escuelas más importantes del mundo le ofrecieron una beca.

Después de obtener diversos reconocimientos internacionales, a los 25 años se convirtió en el primer mexicano en bailar con el teatro Mariinsky y la Ópera de París. Actualmente, es el bailarín principal del Ballet Nacional Inglés (ENB, por sus siglas en inglés) en donde interpreta al joven y enamorado Romeo, su personaje favorito y un clásico de William Shakespeare, cuya puesta en escena podrá apreciarse el próximo 12 de agosto como parte de la gira Despertares en el Auditorio Nacional.

Junto con Hernández se presentarán 35 artistas en escena provenientes de 14 de las más importantes compañías de danza del mundo.

—¿Qué implicó estar desde niño en el baile?

—La disciplina del ballet es extraordinaria porque estás constantemente forzando tu cuerpo a hacer cosas extraordinarias. Transformas toda tu fisicalidad y la conviertes en una máquina que lleva a tu físico a hacer cosas que la gente difícilmente imagina posibles. Todo este trabajo se logra con la dedicación que le pongas, es uno de los ejercicios que requieren de especialización más completa, porque el ballet no se puede hacer de medio tiempo, tiene que ser de tiempo completo. Implica trabajar por largas jornadas con poco descanso bajo una rutina extremadamente demandante. Hacer un ballet completo de un personaje principal equivale a cargar mil toneladas, entonces tu cuerpo termina destruido completamente, por lo que no solo requieres estar en forma física, sino también emocional.

—¿Cómo perciben a los bailarines mexicanos en el extranjero?

—Les parecía increíble que un niño que ensayaba en el patio de su casa estuviera en competencia con los de la Ópera de París. Todavía sigue siendo algo muy raro encontrar a un bailarín mexicano que destaque internacionalmente, pero la realidad de mi generación es diferente.

—¿Cuál es tu pieza favorita para bailar?

—Romeo y Julieta, el personaje de Romeo es lo que más me gusta, es toda una vida en el escenario. En tres horas pasas de enamorarte, perder amigos, luchar, matar, enamorarte y sufrir. Tener la oportunidad de vivir tantas emociones en el escenario me parece que es un papel único.

—¿Cuál fue el último momento que te ha hecho extrañar México?

—En un vuelo en el que venía de Japón a México me vino un sentimiento muy raro, son 13 horas de vuelo y me hizo extrañar a mi familia, dejarlos ha sido el sacrificio más grande que he tenido que hacer. Ahora que regreso a México a bailar cada año, lo aprovechamos para estar juntos. Y siempre que llego me como unos chilaquiles y unos tacos.

 

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