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El ajolote, su genoma y el potencial para la salud humana

La característica más impresionante del ajolote es su capacidad de regenerar sus huesos, músculos y nervios tras sufrir un daño o una amputación. Foto: Adobe Stock.

El avance en los estudios del genoma del ajolote incentiva la búsqueda de los genes encargados del mecanismo de regeneración y, en un futuro, repercutir en beneficio de personas que perdieron alguna extremidad.

CUENTA LA LEYENDA que, cuando aún no existía nada y la oscuridad reinaba en la Tierra, se reunieron todos los dioses en Teotihuacán para crear el mundo que conocemos actualmente. Uno de ellos: Xólotl, hermano gemelo de Quetzalcóatl, no quiso ser sacrificado por lo que se escondió entre las milpas. Ehécatl (dios del viento) lo encontró y Xólotl salió corriendo a esconderse ahora entre los magueyes. Al ser descubierto de nuevo, volvió a huir. Se escabulló entre el agua y se convirtió en Axólotl (el ajolote). Pero al final, fue capturado y condenado por Ehécatl a quedarse en la forma de ajolote.

Por esta leyenda, Axólotl ha sido descrito como un dios que le teme a la muerte y que quiere escapar de ella con sus “poderes”. Pero en el terreno de la ciencia, el Ambystoma mexicanum, o ajolote mexicano, es un anfibio endémico de la región de los lagos del valle de México que pasa su vida entre el agua y la tierra. Su apariencia es parecida a la de un “renacuajo gigante” con patas y cola. Entre sus características peculiares destacan sus tres pares de branquias externas —que salen hacia atrás de la base de su cabeza, como si tuviera cuernos—; y su gran boca, que hace que parezca que siempre está sonriendo.

Recientemente, científicos de todo el mundo, entre ellos dos mexicanos, lograron descifrar el genoma de los ajolotes —animales que pueden regenerar desde los músculos hasta los huesos—. Los mecanismos moleculares involucrados en el proceso de regeneración del ajolote, hasta hace poco, habían sido una incógnita para los científicos.

En meses pasados, un grupo internacional de investigadores logró secuenciar por completo el genoma de este anfibio, esto quiere decir que descubrieron todas las piezas del rompecabezas del ADN del ajolote y determinaron el orden exacto para armarlo.

“Lo que se encontró fue que el genoma del ajolote es diez veces más grande que el del ser humano (32,000 millones de “piezas” de bases de ADN), lo que lo convierte en el genoma más grande que ha sido secuenciado hasta la fecha”, explica el doctor Alfredo Cruz a Newsweek en Español.

El doctor Cruz, miembro del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), comenta que él y Francisco Falcón, estudiante de maestría, participaron como científicos mexicanos en la secuenciación por las investigaciones referentes al ajolote que realiza en su laboratorio. “Lo que nosotros realizamos en esta investigación multidisciplinaria fue el análisis de ARN (ácido ribonucleico) no codificante y el análisis evolutivo de algunas proteínas del genoma del ajolote”.

Luego de tres años de investigación, en enero los hallazgos se publicaron en la revista Nature. Y ahora, uno de los científicos mexicanos que participó en este proyecto nos explica lo que viene en camino:

“Con el mapa que se logró hacer del genoma del ajolote, ahora podemos generar nuevas estrategias experimentales… En julio tenemos una reunión en la que con los diversos laboratorios que participamos en este proyecto vamos a decidir qué investigaciones va a realizar cada grupo para no repetir esfuerzos”.

La importancia de los resultados de esta investigación es que al aproximarse a descifrar cómo funciona el mecanismo de regeneración del ajolote, esto pueda repercutir en beneficio de los seres humanos. Así lo considera el doctor Félix Recillas: “Una vez que se tiene todo el genoma del ajolote descrito, se pueden empezar investigaciones para buscar exactamente los genes que son los encargados del mecanismo de regeneración, lo cual podría ayudar en un futuro a personas que perdieron alguna extremidad”.

El doctor Recillas, director del Instituto de Fisiología Celular de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que, además del mecanismo de regeneración, el de envejecimiento es también nodal:  “Estos anfibios son unos animales muy longevos y son poco propensos a desarrollar tumores, entonces, ahora que ya tenemos el mapa del genoma, debemos investigar para saber qué genes están involucrados en esto y así aplicarlo en un futuro en los seres humanos”.

AL BORDE DE LA EXTINCIÓN

Si bien los ajolotes son una materia de estudio primordial para la comunidad científica, actualmente la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha dicho que este anfibio se encuentra en “peligro crítico de extinción”. ¿Las causas? La degradación de su hábitat debido a la contaminación y urbanización.

Anteriormente al ajolote mexicano lo podíamos encontrar en todos los lagos de la región central del valle de México, pero hoy día solo se le halla en Xochimilco.

De acuerdo con la investigación “A tale of two axolotls” (publicada en la revista BioScience y editada por la Universidad de Oxford), el número de ajolotes en Xochimilco ha decrecido. La investigación realizada por Luis Zambrano, Ryan Woodccok y Randal Voss refiere que, en 1998, se podían encontrar 6,000 ajolotes por kilómetro cuadrado, pero en 2008 había solo 100. Y “los últimos reportes estiman que solo hay 30 ajolotes por kilómetro cuadrado”, dice la doctora María Esther Quintero, subcoordinadora de Especies Prioritarias de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

Desde 2010 el ajolote fue catalogado como especie en peligro de extinción (NOM-059-SEMARNAT-2010) y, desde 1993, el gobierno de México ha realizado proyectos para la conservación del ajolote y la protección de Xochimilco. Con todo, la población de este anfibio sigue en descenso.

La doctora Quintero señala que desde hace 20 años se sabe que las razones por las que el ajolote se extingue se deben “a la contaminación que hay en Xochimilco y la introducción de otras especies como la tilapia —que se come los huevecillos del ajolote y hasta a especies adultas—”. Aunque desde la Conabio se han apoyado distintos proyectos, le especialista indica que “hace falta mayor presupuesto (por parte del gobierno) y más gente interesada en realizar proyectos a favor de la conservación y protección de este anfibio”.

En México y Estados Unidos se realizan estudios relacionados con la regeneración celular de miembros, y “Xólotl” es su principal objeto de estudio. Foto: Adobe Stock.

¿CÓMO CUIDAR DE UN “DIOS”?

Desde la UNAM y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) se ha trabajado por varias décadas en distintos proyectos para restaurar la zona lacustre del lago de Xochimilco y detener el declive del ajolote.

El Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC), dependiente de la UAM, lleva más de 20 años protegiendo al ajolote. El centro fue construido en 1994 con el objetivo de estudiar y difundir los problemas que tiene la zona lacustre de Xochimilco. Mediante diversos proyectos han fomentado la educación ambiental y la reproducción de este anfibio. El CIBAC es uno de los pocos centros que existen en el ámbito mundial dedicado a la producción masiva de crías de ajolote mexicano con el fin de liberarlos en áreas controladas de Xochimilco.

Otro centro que ha sido importante para la conservación del ajolote es el Laboratorio de Restauración Ecológica, que es parte del Instituto de Biología de la UNAM. Fue fundado en 2012 y desde entonces ha trabajado en Xochimilco con el objetivo de rehabilitar la zona chinampera de la zona. El proyecto en el que trabajan hoy día se llama “Refugio Chinampa”, el cual es dirigido por el doctor Luis Zambrano, mejor conocido como Gran Jefe “Ajolote Sentado”.

Con este proyecto, explica el doctor Zambrano, se quiere repoblar de chinampas el lago de Xochimilco para que se tenga agricultura sustentable y sin el uso de pesticidas y fertilizantes; que sirvan como una barrera contra las carpas y tilapias (plaga que está acabando con el ecosistema y el ajolote); y que todo esto, en su conjunto, mejore Xochimilco y esto permita tener un mejor hábitat para el ajolote.

Desde hace unos meses, al proyecto se le asignaron 7.5 millones de pesos por parte del gobierno federal, dentro de los recursos que se tienen para los sitios que son Patrimonios Culturales de la Humanidad. “Debemos tener claro que lo que nos debe preocupar en este caso es Xochimilco (no solo el ajolote); si le hubiéramos cuidado y destinado los recursos para potenciarlo como una zona de producción agrícola de alto nivel, hoy día tendríamos  autosuficiencia alimentaria en Ciudad de México”.

Para el doctor Alfredo Cruz, los proyectos que realizan la UNAM y la UAM han logrado grandes avances, pero son esfuerzos aislados porque no se destinan los recursos suficientes. “México no tiene una política de conservación como en otros países; debe venir Leonardo DiCaprio y hablar de la vaquita marina para que los políticos hagan caso al tema”, sentencia.

Su preocupación la comparte, de tiempo atrás, el doctor Zambrano. En 2006 realizó un estudio en el que concluyó que, de seguir la destrucción de Xochimilco, el ajolote desaparecerá en 2025.

“Ojalá el ajolote no desaparezca porque perderíamos a un animal que en términos culturales es el más representativo de nuestro país: lo encontramos en nuestra mitología (es el hermano gemelo de Quetzalcóatl que evade la muerte); inspiró a Diego Rivera, Octavio Paz y hasta a escritores extranjeros como Roger Bartra (que lo utilizó como una metáfora de la identidad nacional mexicana) y Julio Cortázar que terminó convirtiéndose en un ajolote en uno de sus cuentos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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