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Ejercicio de libertad

 

Opinión-colorConviene, para aquellos que no estén enterados, narrar los hechos: el sábado 13 de febrero, durante la transmisión televisiva del primer día de la visita del Papa Francisco a México, Joaquín López Dóriga anunció que el corte al que iban había sido pautado por el INE: un mensaje era sobre las campañas para candidatos constituyentes de la Ciudad de México; otro mensaje era del Partido Acción Nacional en el cual salía el Presidente de ese instituto político, Ricardo Anaya. El conductor así lo dijo.

Dos consejeros y dos representantes de partidos denunciaron en el Consejo General del INE el incidente por “exceder” los límites de la libertad de expresión y por “violentar el modelo de comunicación política” establecido; por haber usado “cortinillas”. La Comisión de Quejas y Denuncias del Instituto, en sesión extraordinaria del 15 de febrero, puso en el Orden del Día, como segundo punto, el análisis, discusión y en su caso aprobación del proyecto de acuerdo de adopción de medidas cautelares relacionado con la presunta alteración de la pauta aprobada por el INE atribuible a Joaquín López Dóriga, Javier Alatorre, Jorge Alfonso Zarza y Carolina Rocha.

Afortunadamente, por mayoría de votos, los integrantes de esa Comisión concluyeron: “No existe base para destinar que las expresiones y comentarios analizados transgredan el marco normativo y no se vulnera el modelo de comunicación política previsto en el artículo 41 constitucional”. Añade que la susodicha transmisión “se hizo en ejercicio de libertades que el Estado mexicano debe respetar” y que esas expresiones “están amparadas bajo la libertad de expresión. Considerar lo contrario, podría ser nugatorio de derechos fundamentales sin que exista base razonable o motivos suficientes para ello, lo cual conduciría a la adopción de una medida desproporcionada en perjuicio de los denunciados”. No obstante, el procedimiento sigue: López Dóriga tendrá que comparecer ante el fiscal que le imputó el cargo.

Llama la atención el pronunciamiento que hizo la Consejera Pamela San Martín. En entrevista con La Silla Rota dijo que se trata de un falso debate en virtud de que no es un problema de limitación de la libertad de expresión sino de “sistematicidad detectada”. Y agregó: “No es un agravio a la crítica, pues ésta se puede ejercer por cualquier comunicador, eso lo tienen garantizado, pero me parece que, si vamos a defender las libertades, no debemos defender la simulación de estas libertades, porque al momento de defenderla, atentamos contra la libertad misma”.

Cuando se le preguntó acerca de la improcedencia de las medidas cautelares, Pamela respondió: “A mí me parece que sí se debieron haber concedido las medidas cautelares. Yo me pronuncié en este sentido; no voté porque no integro la comisión y no tengo derecho a voto. Creo que el problema es: si abrimos la puerta a que, vía estos ejercicios de simulación de libertades, se transgredan prohibiciones, qué nos deparará en un futuro, especialmente en las próximas elecciones.” Y también afirmó: “se deben defender las libertades genuinas.” ¡Ah caray! ¿Y cuáles son las libertades simuladas y cuáles son las genuinas? Acaso ella es quien debe señalar tal diferencia, si es que existe.

Estos pronunciamientos son muy delicados. En primer lugar, la consejera recurre al expediente del buen y mal periodismo ¿Con qué criterio? No se puede ser objetivo en algo que es absolutamente subjetivo. Ella debería saber que esta distinción axiológica no puede tomarse como criterio para aprobar o desaprobar una sanción. Cuando habla de diferencias entre el periodismo aceptable y el que no lo es se abre un tema propio para la censura: esa es el arma a la que han recurrido los regímenes autoritarios para castigar a sus enemigos. Y aquí, de verdad, aparece un terreno extremadamente peligroso que, por fortuna, la Comisión del INE se dio cuenta que no debía pisar.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Todo depende del cristal…

Por gran distancia, México es el país que ha sido más criticado y agraviado en la campaña presidencial de Estados Unidos. El desafío es grande para nuestra imagen internacional, ya que los debates y las expresiones de los candidatos estadounidenses le dan la vuelta al mundo. El mensaje de los candidatos se dirige a los votantes norteamericanos.

Sin embargo, también los australianos, los franceses o los sudafricanos se están formando una opinión acerca de nuestro país a través de estos mensajes. Solamente China ocupa un distante segundo lugar en los ataques de los políticos y esto, por razones estrictamente comerciales.

Con casi treinta millones de habitantes de origen mexicano, una extensa frontera, tránsito de estupefacientes y un comercio bilateral que raya en los 500 mil millones de dólares al año, la clase política estadounidense coincide en que México es el país que más influye en su vida cotidiana, en la realidad de los votantes que buscan atraer. De ahí la andanada de críticas hacia nuestro país.

En esto coinciden prácticamente todos los candidatos, desde Trump en la derecha nacionalista, hasta Sanders en la izquierda socialista. En la medida en que la ciudadanía compra estos argumentos —que es lo realmente grave— se concluye que en la visión de muchos vecinos, México es un país indeseable e incómodo.

Debido a su configuración multiracial y multiétnica, Estados Unidos ha tenido la necesidad de encontrar algún adversario externo, algún enemigo que les unifique. Sea el comunismo en la etapa de la Guerra Fría o los extremistas islámicos después del 11 de septiembre, contar con un villano bien definido es fuente de cohesión para un país con decrecientes elementos en común.

En esta etapa, en que Estados Unidos va perdiendo poder relativo frente a otras potencias, identificar la fuente de sus males se convierte en un atractivo botín político. México es el país más susceptible para crear esa sensación de unidad y para explicar el retroceso en su supremacía internacional.

Nos han hecho ver como si México fuese el peor vecino posible que pudiera tener cualquier país sobre la Tierra. A pesar de ser la décimo cuarta economía del mundo y la segunda más grande de América Latina, el mensaje que reciben las masas (y éstas asimilan con gran aceptación) es que Estados Unidos sería una nación mucho más próspera y más fuerte si pudiese cortar cualquier nexo con nuestro país.

En el comercio, existe una balanza favorable a México; hay que castigarlo con aranceles y repudiando el TLCAN. En materia migratoria hay que construir un muro en la frontera… a pesar de que ya son más los mexicanos que regresan que los que cruzan al Norte. En materia de drogas, las aduanas de Estados Unidos logran interceptar todo tipo de productos menos éste. Dato curioso.

México requiere de un despliegue global de información dura y bien dirigida. Los socios naturales son las empresas de EU que más se benefician del contacto con México: desde las armadoras de automóviles y laboratorios farmacéuticos hasta los productores de hortalizas en California o los avicultores de Georgia que no existirían sin la mano de obra mexicana. Los intereses que serían más afectados son nuestros mejores aliados. Es preciso acercarse a ellos.

No hay claridad

La frase es lapidaria: “conocemos el alto precio que trajo consigo la mal llamada guerra contra las drogas”. Sobre todo si quien la pronuncia es el secretario de Gobernación. En sus palabras hay ruptura, hay desmarque y debería haber agenda.

La ruptura es clara y tiene la mirada puesta en el pasado reciente. La “Guerra contra las Drogas” fue la estrategia que, en el discurso y en los hechos, marcará la historia del gobierno de Felipe Calderón. La memoria es corta, pero no puede serlo tanto. En ese sexenio la retórica belicista, el discurso schmittiano (amigo vs enemigo), la humillación mediática de los presuntos delincuentes, el lenguaje necrófilo de los abatidos, el abuso del arraigo y la propaganda militarista fueron la nota cotidiana. La lógica de la mano dura, del Derecho Penal del enemigo y de la violencia estatal como remedio convirtió a los derechos, al garantismo y al debido proceso penal en el payaso de las cachetadas. Las secuelas de esos tiempos todavía resuenan en los medios: ahí están las voces que perdonan la tortura si su reconocimiento conlleva la liberación del delincuente. Esos son los votantes potenciales que tendría Trump en México. Y no son pocos ni adolecen de poderes.

El desmarque es poco claro y menos convincente. Durante los tres primeros años de este gobierno cambió la retórica y desapareció la propaganda policiaca de los medios. Pero nadie nos ha explicado en qué y cómo cambió la estrategia. Lo que sabemos es que las Fuerzas Armadas siguieron en las calles; que la lógica de la excepción se impuso en amplios territorios —el Comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán fue invención de este gobierno—; que desaparecieron 43 normalistas en Iguala y otras muchas personas allá mismo y acullá también; que las denuncias por violaciones a los derechos humanos —aunque irriten al gobierno— galopan por el mundo y que; al menos hasta ahora, no conocemos las coordenadas de una política de seguridad alternativa y en marcha.

Por eso creo que, cuando el secretario de Gobernación, finalmente, reconoce que la guerra contra las drogas “partió de un diagnóstico equivocado y de una estrategia mal diseñada que generó una escalada de violencia sin precedentes”, debería explicar qué es lo que sigue. En eso y sólo en eso —al menos en este tema— tienen razón los legisladores panistas que desde el día de ayer van por los medios rasgándose las vestiduras. Cuando los voceros del PAN le exigen al secretario que explique cuál es la estrategia del gobierno actual en materia de seguridad ponen el dedo en la llaga. Lo creo porque si esa estrategia no existe, ni la ruptura ni el desmarque se sostienen.

Elemento de estabilidad

En un entorno internacional complicado, que incluye la caída vertical de los precios del petróleo, lo que supone un golpe devastador para las finanzas públicas, el turismo se consolida como detonador de crecimiento económico, como mecanismo de estabilidad social a partir del gran número de empleos que genera y como agente eficaz para combatir la pobreza. De manera que las buenas noticias para la industria de viajes son buenas noticias para todo el país. Hay que hacerlo notar.

El turismo es una de las actividades económicas cuyos indicadores muestran un curva ascendente en lo que va de la administración. Hay cifras contundentes. La llegada de turistas internacionales experimentó un ascenso superior al 37 por ciento, que es muchísimo, en el periodo 2012-2015. Esto dio lugar a que el año pasado pudiéramos presumir récords como la llegada de 32.1 millones de internacionales. Con esa cifra México se mantuvo dentro del codiciado top ten mundial y como el país más visitado de América Latina. En el año 2015 México registró el mayor número de pasajeros aéreos de la historia. Un total de 56.4 millones, de los cuales 37.1 millones son vuelos nacionales y 19.3 millones internacionales. Estados Unidos es, sigue siendo, nuestro principal mercado; 18 por ciento de los norteamericanos que hicieron viajes internacionales visitó México.

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