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Desmontamos (con ayuda de la ciencia) ocho tópicos falsos sobre la leche

Se han generalizado las falsedades sobre este líquido. La ciencia y los expertos las desmontan

“En los últimos años hemos asistido a un descenso preocupante en el consumo de leche entre la población española condicionado, al menos en parte, por ideas equivocadas sobre su consumo y el de otros derivados lácteos”. La cita es de este Documento de consenso publicado en 2015 en Nutrición Hospitalaria, y escrito por más de media docena de facultativos de prestigio. A pesar de este descenso en su popularidad, se trata de un importante producto alimenticio que debe consumirse a diario según la pirámide nutricional de la Guía para las familias, Alimentación Saludable del Ministerio de Sanidad y Consumo. Porque, como se explica en el Tratado de Nutrición de la Editorial Médica Panamericana, “los lácteos constituyen un grupo de alimentos que se adaptan a las distintas necesidades de cada persona, en función de su situación fisiológica y de salud”. Esta es la razón por la que es conveniente desterrar los falsos tópicos que amenazan la salud de quienes creen que es perjudicial.

  1. La leche debería consumirse solo en la niñez, como hace el resto de los mamíferos

“Es cierto y evidente que, a excepción del hombre, ninguna especie adulta la puede consumir”, comenta Salvador Zamora Navarro, catedrático emérito de Fisiología de la Universidad de Murcia en el prólogo al documento La leche como vehículo de salud para la población. Pero la razón no es la falta de nutrientes de la misma, sino el descubrimiento del ordeño hace más de 6.000 años. “Ha tenido que desarrollarse la ganadería para que la especie humana pueda disponer de carne y leche en cantidades suficientes para cubrir sus necesidades”, continúa Zamora. Y lo mismo sucede, entre otras cosas, con la agricultura y las frutas y verduras.

  1. Es perjudicial para la salud porque produce mucosidad y sube el colesterol

Diversos estudios echan por tierra la creencia de que “la leche produce moco”. En concreto, este del departamento de medicina comunitaria de la Universidad de Adelaida (Australia) dice: “Concluimos que no se puede detectar una asociación global estadísticamente significativa entre la ingesta de leche y productos lácteos y los síntomas de producción de moco en adultos sanos, ya sean asintomáticos o sintomáticos, con infección por rhinovirus”.

Respecto al colesterol, el Libro Blanco de los Lácteos lo deja muy claro: “La leche y los productos lácteos aportan ácido linoleico que contribuye a mantener los niveles normales de colesterol en sangre”. Y añade: “En la actualidad se dispone de una amplia evidencia científica con respecto a la disminución de los niveles de colesterol. Cuando la dieta se suplementa con yogur o leche semidesnatada, se han conseguido disminuciones del 5% en los niveles de colesterol”. En cualquier caso, existen leches bajas en grasa en el mercado.

  1. La leche contiene antibióticos

Está prohibido, de modo que las leches que se comercializan no los contienen. Administrárselo a los animales para fomentar su crecimiento, también lo está. Solo se permite con fines terapéuticos. En tal caso, las vacas han de pasar un tiempo de retiro del ordeño. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publica todos los años un informe en el que se muestran los resultados del control que realiza periódicamente sobre los alimentos. En el de 2014, solo el 0,09% de la leche analizada presentó una cantidad de antibióticos por encima de los límites que establece la legislación. Este documento de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición aporta más información.

  1. Consumir leche produce alergias e intolerancias

Según este documento de la Asociación Española de Pediatría, la alergia a la proteína de la leche se adquiere, normalmente, de manera espontánea y afecta a solo un 2,5% de la población. En cuanto a los intolerantes a la lactosa, cuentan con leche sin lactosa.

  1. La leche produce cáncer de próstata

No hay estudios concluyentes que avalen la relación positiva entre este tipo de cáncer y consumo de leche, como puede leerse en esta revisión de 2013. Y en esta otra, del mismo año, en la que se asegura que “los estudios observacionales no respaldan una asociación entre el uso de productos lácteos y un mayor riesgo de cáncer de próstata”. Mientras que los resultados de este metaanálisis “no respaldan una relación independiente entre la ingesta de leche o productos lácteos y el riesgo de cáncer de vejiga”.

Por el contrario, parece probada la relación entre el consumo de lácteos y una menor incidencia de cáncer de mama, como se explica en este metaanálisis; y el de leche con “una reducción en el riesgo de cáncer colorrectal”, como puede leerse aquí.

  1. La leche engorda porque contiene grasa y azúcar

La clave de las bondades de la leche es que “proporciona un elevado contenido de nutrientes en relación al contenido calórico, es decir, una excelente densidad nutricional”, según se afirma en este informe de la Fundación Española de la Nutrición. Pero es que además, la grasa contenida en la leche no es elevada, como se asegura en el documento Lácteos Insustituibles. A saber: 3,5% en la entera; 1,6% en la semidesnatada y menos de 0,5% en la desnatada. De hecho, este estudio realizado por la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense concluyó que “las personas con peso corporal normal tuvieron mayores ingestas de productos lácteos en comparación con las personas con sobrepeso y obesas”.

Respecto al azúcar contenido en la leche, es la lactosa y es un azúcar naturalmente presente, no añadido, que en oposición a la glucosa y otros azúcares libres, no induce una respuesta insulinémica tan elevada y se metaboliza de forma diferente al azúcar común (sacarosa).

  1. No es necesario tomar leche para consumir el calcio necesario

“Es difícil cubrir las recomendaciones de calcio sin consumir productos lácteos”. Lo escriben los doctores especialistas en medicina preventiva y nutrición Javier Aranceta y Lluís Serra en el libro Leche, Lácteos y Salud, publicado por la Editorial Panamericana en 2004. Además, se hace hincapié en la buena absorción del mineral contenido en la leche: “La digestibilidad del calcio y del fósforo es bastante alta en la leche, debido, en parte, a que se encuentran conjuntamente con la caseína. Por ello, la leche es la mejor fuente de calcio tanto para el crecimiento de los huesos en los jóvenes, como para el mantenimiento de la integridad ósea en los adultos”.

  1. Las bebidas vegetales son una alternativa a la leche de vaca.

Primero, una aclaración por parte de la OCU: “Son blancas, vienen en botella o envase de cartón, se beben… y ya. Ahí acaban las similitudes entre la leche y las bebidas vegetales”. Y algo más: “Por sus características y propiedades, estas bebidas no sustituyen a la leche.” Tanto es así que el Acta Pediátrica sobre errores dietéticos en el lactante sugiere: “Sería deseable que se indicase que estas bebidas no deben consumirse de forma exclusiva antes del año de vida y que no son un alimento completo ni una alternativa nutricional a la leche de vaca”.

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