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Desigualdad histórica

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Nuestra historia es, como la de casi todos los pueblos, una narración relativa a cómo los poderosos han abusado consistentemente de los oprimidos: es difícil encontrar un periodo en el que pueda hablarse de bonanza y bienestar, desde una perspectiva de justicia social.

Nunca hemos logrado abatir la pobreza; y mucho menos hemos sido capaces de actuar, a manera de cultura y modelo de organización social, con base en la inclusión social, en y la aceptación sin cortapisas ni condiciones de quienes viven de manera distinta a la de las mayorías o a lo considerado mayoritariamente como “estado de normalidad”.

Alejandro Von Humboldt señalaba sobre nuestro país: “en ninguna parte existe una desigualdad más espantosa en la distribución de la fortuna, de la civilización”. Para este sabio, de manera resumida, México era “el país de la desigualdad”. Siglos después, la misma frase puede repetirse, a manera de mantra, para describir los procesos históricos que han ocurrido desde entonces.

Si algo motivó a la Revolución Mexicana fue no sólo el hartazgo ante el hambre, la enfermedad y el abuso autoritario del poder; fue también el oprobio causado por el dispendio y los excesos de las haciendas, de los “afrancesados” de Palacio Nacional y de prácticamente todos los gobernadores, quienes actuaban a manera de virreyes al servicio de don Porfirio.

El siglo XX no fue distinto. El proceso de concentración de la riqueza se mantuvo inamovible; de tal forma que al cierre de la centuria, se estimaba que la riqueza nacional le pertenecía, en más del 50%, a 300 de las familias más poderosas en el territorio nacional.

En lo que va del siglo XXI, el proceso concentrador no se ha modificado; los datos oficiales nos muestran cómo en las crisis, los únicos que no pierden son los súper ricos; que las clases medias están devastadas; que los pobres siguen padeciendo toda clase de injusticias, y que no hay en el horizonte reformas visibles dirigidas a atemperar la desigualdad.

Las políticas económicas y sociales no van a ser jamás suficientes. Por ejemplo, si de un momento a otro se decidiera desde el Estado asumir como meta fundamental abatir la pobreza, aun en el supuesto heroico de que esto se lograse, podríamos seguir siendo profundamente inequitativos y desiguales.

El investigador emérito del SIN, Fernando Cortés, ha demostrado que la pobreza puede reducirse más rápido, si se avanza decididamente en el combate a la desigualdad. Esto ya ha ocurrido. Pasó en Chile durante el mandato del presidente Allende, en el cual el coeficiente de Gini se ubicó en alrededor del .200, un dato no visto desde su artero asesinato en toda la región.

Abatir la desigualdad no es una tarea sencilla; requiere de un pacto social renovado, en el cual quienes más tienen puedan aceptar que las disparidades en que vivimos no son éticamente sostenibles; que su persistencia se logra gracias a la expoliación y la infelicidad de la mayoría; y que no hay nada que justifique que una sola persona posea más riqueza que los 15 países más pobres del continente.

La justicia social y el acceso universal al cumplimiento y garantía de los derechos humanos implica como supuesto un modelo de bienestar para la igualdad y la solidaridad entre todas las personas. Un modelo así exige recuperar el valor de la Fraternidad, como eje de articulación de todas las decisiones del Estado, porque en ello nos va la posibilidad de construir una civilización digna de ser vivida para todas y todos.

No tienen padre

Cuauhtémoc Cárdenas fundó al PRD en mayo de 1989; en noviembre del 2014, un cuarto de siglo después, por medio de una amarga carta, presentó su renuncia con carácter irrevocable al instituto político que creó por considerar que ha dejado de ser útil al país.

En los años sesenta Cuauhtémoc Cárdenas fue directivo de la Siderúrgica Lázaro Cárdenas, fue senador de la República por el PRI y subsecretario forestal y de la fauna de la Secretaría de Agricultura y Ganadería. En 1980 ganó la elección de gobernador de Michoacán como candidato del PRI, puesto que en 1928 ya había ocupado su padre. Posteriormente integra y encabeza la «corriente democrática» del PRI que buscaba la renovación interna del partido. El objetivo de Cárdenas, decía, era la instauración de un sistema electoral más representativo y limpio en México.

El 5 de mayo de 1989 se funda el Partido de la Revolución Democrática, confluyen principalmente dos corrientes de la izquierda histórica mexicana. Por un lado, la que proviene de la tradicional “familia revolucionaria”, representada por el ala izquierda del PRI. La otra la izquierda comunista y socialista mexicana, cuyos orígenes están en el Partido Comunista Mexicano, el Partido Mexicano de los Trabajadores y las  organizaciones guerrilleras amnistiadas en 1977. Encabezan el Partido Cuauhtémoc Cárdenas yPorfirio Muñoz Ledo.

Nada queda

Del año de  su fundación a la fecha ha corrido un mar debajo del puente de la nación. El quehacer político dio un vuelco de 180 grados y buena parte de esos cambios, que nos han instalado  en un régimen democrático donde los votos  cuentan y que ya acumula dos transiciones  en la presidencia, se deben al trabajo desplegado por  Cárdenas, no hay por qué regatearle el mérito, pero también a personajes de la talla de Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Navarrete,  Rodolfo González Guevara, Armando Labra, Cristóbal Arias,  todos ellos de extracción priista y Heberto Castillo, Gilberto Rincón Gallardo, Arnoldo Martínez Verdugo, Mario Saucedo, Jesús  Zambrano, Jesús Ortega, Carlos Navarrete, Graco Ramírez, Rafael  Aguilar Talamantes de diferentes fuerzas de izquierda.

A esos grupos se adhirieron líderes naturales  surgidos de los trabajos de  reconstrucción de la ciudad después de los terremotos de septiembre  de 1985, que encontraron en la izquierda su espacio natural.

El grupo quería participar en el proceso de selección del candidato presidencial del PRI que ya  era inminente. Por supuesto, la aparición de la  Corriente Democrática generó un periodo grande de inestabilidad al interior del partido. Fuera la corriente principal, confrontados con ese grupo que se dio en llamar de los tecnócratas, o sea  funcionarios que llegaron a la administración pública con grados  entregados por las universidades más importantes del mundo,  Harvard, Yale o Princeton, que desplazaron a los políticos tradicionales, la mayoría de ellos abogados universitarios. Cárdenas y los  suyos buscaron la puerta de salida, lo que fue el inicio de la creación del PRD.

No hay que olvidar que Heberto Castillo también era candidato y cerca del día de la elección decidió declinar a favor del hijo del general Lázaro Cárdenas. Salinas de Gortari ganó la elección pero la circunstancia de la caída del sistema,  atribuida a una pifia técnica del entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, por cierto ahora flamante senador del Partido del Trabajo, conformó un escenario difícil. El propio candidato triunfador selló el fin de la era  del partido hegemónico, casi único. En aquella elección que supuso un cambio de época también participaron Manuel Clouthier, por el PAN, y Rosario Ibarra de Piedra, del PT. De hecho la efervescencia postelectoral fue un acicate para acelerar la creación del PRD que usó en un principio el registro que tenía el PMS.

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