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Depredación ambiental

Opinión-colorErick Zúñiga

El miércoles 15 de este mes, el país estaba desesperado por buenas noticias. Tratábamos de superar el trauma de la fuga de Joaquín Guzmán y conjurar los males del posible contagio de México por las crisis griega y china. Queríamos que, al menos en la economía, las cosas no fueran tan mal como en la política o la procuración de justicia. No fue así. La mala racha que vive México siguió el miércoles con el desahogo de la Ronda Uno de licitaciones para la explotación de recursos petroleros.

La Ronda Uno era importante por los recursos que podrían generar los bloques ubicados desde las costas de Veracruz, a la altura de Coatzacoalcos, hasta las costas de Campeche, muy cerca de la frontera con Tabasco. Era importante también porque por primera vez en la historia del país la licitación era pública y transparente e incluso contó con avales implícitos de organizaciones como Transparencia Mexicana, cuya cuenta en Twitter siguió muy de cerca la licitación, dando a conocer el resultado de cada uno de los bloques.

La expectativa, incluso después del fracaso, es que futuras licitaciones del gobierno federal y de los estados pudieran seguir el mismo modelo, evitar las asignaciones directas o por invitación que tanto daño le hacen al país, pues socavan la de por sí famélica confianza que tenemos en nuestras instituciones.

De hecho, aunque la Ronda Uno cuenta con el aval de Transparencia Mexicana, es necesario señalar que está empañada por el hecho que uno de los ganadores, Sierra Oil & Gas, tiene como uno de sus principales socios a Marcos Gerard, cuñado de Carlos Salinas y ex asesor en la Secretaría de Hacienda, cuando, a decir de la información, Gerard aún no terminaba la preparatoria.

A pesar de ello, de catorce bloques que el gobierno licitó, sólo dos fueron adjudicados, ambos a Sierra Oil & Gas. De ese modo, la explotación petrolera en México sigue siendo responsabilidad básica de Pemex, aunque la reforma energética hace que ya no pueda sostener las finanzas públicas del país.

Una moraleja de la que los sectores nacionalistas y “de izquierda” de México deberían tomar nota es que los inversionistas privados o públicos internacionales no vinieron a arrebatarse el petróleo. Lejos de ello, lo que hubo fue desinterés si no es que desdén. La mitología según la cual vivimos bajo el riesgo de que las petroleras nos arrebaten el petróleo se derrumbó, aunque queda la duda de las razones por las que Sierra Oil & Gas sí le entró.

Ha ocurrido un cambio en los patrones globales de consumo de hidrocarburos. No es un tropezón temporal del precio del barril de petróleo, ello explica el desdén de las petroleras extranjeras. Es un cambio tan profundo que incluso países petroleros, como Noruega, se esfuerzan para no depender de la renta petrolera y desalentar el uso del petróleo, como es el caso de la iniciativa noruega para alentar el uso de autos eléctricos.

El fracaso de la Ronda Uno implica que no se ve en el horizonte de los mercados globales de hidrocarburos aumentos significativos en el precio del petróleo que hicieran atractivo venir a invertir a México. La duda es qué harán gobiernos como el de Coahuila que le apuesta tanto a convencer a inversionistas extranjeros de invertir en la extracción por medio de fractura hidráulica, el muy peligroso fracking, ¿serán capaces de remontar esa visión petrolizada del desarrollo? ¿Se convencerán de la necesidad de pensar otras soluciones que garanticen empleos estables y no dependan de la depredación ambiental?.

 

 

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