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De rupturas, ataques y otras cosas

 

Opinión-colorPor: Erick Zúñiga

Ya está listo el elenco de los políticos que competirán este año por las doce gubernaturas que estarán en juego el primer domingo del mes de junio. En todos los partidos ha habido roces, descalificaciones, incluso rupturas. Hay personajes que, molestos, incluso se han cambiado de partido y los que sostienen que en las decisiones para definir candidato no se han tomado en consideración sus méritos políticos.

En algunos de los estados la contienda se ha iniciado con discursos acusatorios sobre el manejo del estado que pretenden gobernar, en otros se han privilegiado las filtraciones sobre aspectos negativos de los contendientes, sumados a la transmisión nacional de los spots de los partidos políticos que pretenden posicionar personajes, más que ideas o propuestas.

En este ambiente y ante la noticia de que a partir de abril y hasta el día de las elecciones en Junio, la radio y la televisión se saturarán de publicidad partidista, los candidatos y los partidos deberán revisar los mensajes que deben trasmitir a la población. Hasta ahora se han utilizado elementos de mercadotecnia, de la llamada “información negra”, pero poco se han difundido propuestas o planes para beneficiar a los ciudadanos.

Parecerá paradójico que, en la discusión filosófica, la apariencia ha sido siempre rechazada por ser sólo un reflejo de la realidad. Sin embargo, en la comunicación política, la percepción es el punto de partida y de llegada.

Por ello, la percepción del elector sobre los distintos candidatos será fundamental para decidir su voto, en algunos casos ya existe, de manera positiva o negativa, pero puede ser modificada con una buena estrategia de comunicación. Mucho se habla de esto y se siguen modelos novedosos que consultores políticos extranjeros venden en México como una panacea. Pensando que los votantes mexicanos tenemos la misma idiosincrasia que los norteamericanos. Lo que se requiere es una eficaz comunicación de ideas, planteamientos y compromisos que permita a los votantes confirmar o modificar positivamente su percepción de los aspirantes. Hasta ahora, habrá que reconocer que de los “spots” trasmitidos, los de mayor penetración y aceptación han sido los del mesiánico Andrés Manuel López Obrador, quizá porque están elaborados con base en las emociones y desde luego con demagogia.

Los expertos sostienen que una forma de comunicar los mensajes políticos de manera eficiente, implica apelar a emociones y sensaciones, combinadas con comunicación racional, que se basa en contenidos; unidos se logra una percepción positiva.

El PRI tomó una decisión de alto riesgo al designar como candidato para intentar recuperar el gobierno de Oaxaca al joven Alejandro Murat, que en el apellido lleva la fama. Sería injusto achacarle al hijo las controversias en las que se ha metido su padre, José, pero es obvio que la candidatura está conectada con el parentesco. Digo que fue un riesgo porque hay en la entidad muchas cuentas pendientes de esa familia esperando quién las pague. La sola mención del apellido genera controversia, cuando no crispación. Podría decirse que el principal promotor de la campaña del joven Murat ha sido precisamente el PRD que está, otra vez, metido en una crisis con brotes de violencia y ruptura. Se lanzaron bombas lacrimógenas, jaloneos y golpes. El ganador fue José Antonio Estefan Garfias, ex priista.

Lo anterior provocó que el senador Benjamín Robles, el aspirante más identificado, impugnara el resultado y tomara la decisión de renunciar al partido. No sólo eso, el episodio provocó la ruptura de la alianza de izquierda en Oaxaca, pues el PT prefirió apoyar las aspiraciones de Robles, que cuenta con respaldo de la bancada del sol Azteca y quien afirmó que combatirá en la campaña por igual a los Murat y a los Cué. Con los votos de la izquierda fragmentados y con una presencia débil de Morena, el escudo de los Murat puede volver a lucir en la puerta de entrada de la oficina principal del Palacio de Gobierno.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

A revisión

La Constitución mexicana de 1917 fue considerada entre las más avanzadas de la época; incluyó la división de Poderes, siguiendo la teoría de Montesquieu. El Constituyente se convenció que si el Legislativo y el Ejecutivo se colocaban en el mismo cuerpo o persona, no existiría libertad y podrían promulgarse leyes tiránicas para hacerlas cumplir tiránicamente.

Por estas razones el artículo 49 de nuestra Carta Magna dividió al Supremo Poder en tres órganos distintos. Al Ejecutivo lo colocó en un solo individuo, al Legislativo en dos cámaras, la de Diputados que actualmente tienen 500 representantes y la de Senadores 128.

Al Poder Judicial lo instaló con una Suprema Corte, Tribunales de Circuito y Juzgados de Distrito y ahora también cuenta con el Tribunal Electoral. Sin duda que nuestra Constitución es muy completa y ha tenido tantas reformas que más bien podríamos decir que le sobra ya que muchos de los agregados son materia de Reglamentos.

Al analizar nuestro sistema político encontramos que el Poder Legislativo es el más importante, ya que al ser el responsable de aprobar las leyes el Ejecutivo sólo puede actuar de acuerdo con esas leyes.

El funcionamiento del Poder Legislativo se fue desarrollando al ritmo de los acontecimientos de la Revolución y después de la post-revolución. Posteriormente con la creación del Partido Oficial, la división de poderes se hizo nula, ya que estaba sometido al Ejecutivo. Con la consolidación de la oposición se fue aumentando la exigencia de hacer realidad la división de Poderes.

Las reformas que crearon los diputados de partido y después los plurinominales lograron, finalmente, quitarle la mayoría al Partido Oficial, pero fue sólo por un periodo, después siguió el control de la Cámara por el Ejecutivo. En la presente Legislatura se ha formado esa mayoría con las alianzas de varios partidos, ya que el otrora partido oficial quedó muy lejos de ser mayoría.

Actualmente el manejo de la Cámara se ha institucionalizado a través de los grupos parlamentarios. Cada partido sólo puede formar un grupo y el mínimo que se requiere es de cinco diputados. Las negociaciones se dan entre los coordinadores, y el partido en el gobierno logra las votaciones mayoritarias con negociaciones políticas a cambio de prebendas a los grupos parlamentarios.

En la pasada sesión de la Cámara de Senadores se alteraron los ánimos, precisamente por la conformación de los grupos parlamentarios. Por conflictos o ambiciones personales entre los legisladores de un grupo se cambian a otro. Cuando esto sucede en el grupo de un partido que sólo tenía los cinco indispensables, para no perder el derecho a ser grupo, convencen a un senador de otro partido para que se pase con ellos. Esto fue lo que ocasionó el aparente enfrentamiento entre los senadores Bartlet y Barbosa. Al analizar esta práctica se llega a la conclusión de que es inconstitucional, ya que los ciudadanos votaron por el candidato para que fuera legislador de un partido y no es válido que ejerza su función en otro. Si sus inconvenientes para permanecer en su partido son tan graves, lo que procedería sería su renuncia y la entrada del suplente.

Todos los ciudadanos tienen derecho a migrar de un partido a otro, pero no después de ser electos por el partido que los propuso. Esto tiene varias implicaciones, una de ellas es que sus votos contaron para formar el porcentaje que le dio derecho al partido a cierto número de diputados plurinominales y también contaron para la conservación del registro. Pudiera suceder que al restarlos le tocara un diputado menos y que hasta perdiera el registro. Esta práctica debe ser eliminada.

Triste realidad en 8 opiniones

Permítanme por este día compartir una radiografía de la realidad nacional n ocho opiniones, desde diferentes latitudes.

Héctor de Mauleón: En “Un método de investigación llamado tortura”, escribe: “Un informe de Amnistía Internacional de 2014 indica que en tan sólo tres años la Comisión Nacional de Derechos Humanos, recibió en México 7 mil 154 quejas vinculadas con actos de tortura u otros actos crueles inhumanos y degradantes”.

Alfonso Zárate: En “Abismo veracruzano”, señala: “En los últimos años, primero con Fidel Herrera Beltrán y ahora con Duarte, el estado de Veracruz ha sufrido un brutal proceso de degradación en todos los órdenes… El 11 de enero de este año, la desaparición de cinco jóvenes en Tierra Blanca, cuando regresaban de celebrar un cumpleaños en el puerto de Veracruz, constituyó una réplica de la noche trágica de Iguala”.

Ricardo Raphael: En “¡Qué mal gusto el suyo por informarme sobre la realidad!”, observa, al referirse a un documento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, “Al mes de septiembre del año pasado la denuncia de personas desaparecidas, con la complicidad de una autoridad pública, rozó los 26 mil casos… Añade la CIDH que prevalece en México el miedo a denunciar”.

Mauricio Merino: Explica, “La polémica que ha desatado el así llamado City Manager de la delegación Miguel Hidalgo no tiene desperdicio. ¿Tiene sentido que haya un funcionario dedicado a detectar y exhibir, por medios electrónicos y en tiempo real a cualquier persona que esté cometiendo una falta a los reglamentos locales bajo la seductora denominación de Vecino Gandalla? Y si lo tiene, ¿es lícito que el gobierno exhiba públicamente a quienes cometen faltas contra los reglamentos? Por lo demás, ¿no tendrá el gobierno de marras que medirse con la misma vara con la que mide a los ciudadanos de la demarcación?”.

Salvador García Soto: En “Otro escándalo de ‘moches’ en el PAN”, asegura, “A pesar del desprestigio que sufrió el PAN con el escándalo de los moches que pedían diputados federales a alcaldes a cambio de presupuesto federal, aún hay panistas que persisten en esa práctica ilegal. Y esta vez no son diputados, sino el senador del PAN por San Luis Potosí, Octavio Pedroza Gaitán, a quien dos alcaldes de su estado acusan de haberles pedido el 20% de 16.3 millones de pesos de recursos federales que él —les dijo— gestionó para sus municipios”.

Alberto Aziz Nassif: En “Derechos humanos en el pantano”, delata, “Hace unos días se presentó el informe 2015/16 de Amnistía Internacional ‘La situación de los derechos humanos en el mundo’, y en el capítulo sobre México se puede observar que el país está metido en un pantano en donde cada paso que se da, ya sea en iniciativas de ley o en programas, registra un mayor hundimiento. Sin duda, esta crisis es consecuencia de la debilidad del Estado”.

En El Universal “Un fiasco ecológico”, comparte: “En septiembre pasado salieron a las calles de la Ciudad de México, con bombo y platillo, un total de 34 patrullas, tres Jeep, una camioneta Pick Up y cinco motocicletas de vigilancia ambiental, que en suma tuvieron un costo total de 30 millones de pesos. Lo que después no se dijo es que los aparatos que miden las emisiones contaminantes de los vehículos —opacimetros— y que deberían acompañar a los policías, no caben en las unidades de la flotilla comprada con dinero público”.

En “Morir en el desierto”, los editorialistas del mismo medio, escriben: “En los últimos años poco se ha hablado de los mexicanos que pierden la vida en el desierto en su intento por ingresar de manera ilegal a Estados Unidos… Arizona se ha convertido —literalmente— en la tumba de cerca de un millar de mexicanos de 2010 a 2015”.

Las ocho opiniones retratan el sentir de la ciudadanía y reproducen la realidad del país. México no es un Estado fallido, pero es tanta la ceguera del gobierno que sin duda ni se enteran ni les importan las voces previas ni las de sus gobernados.

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