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De metiras y charlatanes

 

Opinión-colorErick Zúñiga

Para algunos cascarrabias es complicado convivir con algunos mitos persistentes, que los hay de todos colores y en todas las áreas de la vida. Suelen generar sofismas de lo más molestos. Comentaré uno de los más insistentes en los meses recientes: la inminente subida de las tasas de interés en Estados Unidos. Si uno se pone a revisar los comentarios de los sesudos analistas financieros, se encontrará que, en todo momento, la mayoría de ellos supone que un alza en las tasas de interés está por venir.

Llevamos más de un año siendo torturados, como el personaje del cuento de Allan Poe, El Pozo y el Péndulo, con la idea de que, en cualquier momento (es decir, el mes próximo), la Reserva Federal de Estados Unidos va a incrementar las tasas de interés y, con ello, obligar a las autoridades mexicanas a hacer lo propio para evitar una salida importante de capitales –pero generar un frenón adicional al crecimiento económico del país, ya de por sí lento–.

Durante todo este año, la idea peregrina de que la Fed subiera las tasas no resistía el más mínimo análisis. Me explico: la autoridad monetaria sube las tasas de interés cuando una economía está sobrecalentada, es decir, cuando crece en exceso y genera posibilidades de inflación. Las reduce, si la economía se encuentra contraída, con capital excedente y demanda débil.

La Fed difícilmente puede bajar la tasa de interés, porque está en un nivel históricamente bajo. Desde 2009, la Fed aplica un intervalo que va del 0 al 0.25 por ciento. Esto se debe a que la economía de Estados Unidos, a partir de la crisis desatada por los fondos de inversión con instrumentos chatarra, ha crecido a tasas muy reducidas y ha habido sectores enteros a los que se ha tenido que rescatar. Se le ha debido inyectar liquidez para que pueda funcionar razonablemente.

En esas condiciones de respiración asistida, las tasas trimestrales de crecimiento económico de EU han sido muy variables en los últimos años. A un trimestre de recuperación suele seguirle otro con resultados amargos (en el primero de 2014, por ejemplo, hubo incluso decrecimiento; y en el primero de 2015 la economía de EU creció a ritmo de sólo 0.6 por ciento anual). En otras palabras, no hay signos de una recuperación sostenida (y subrayo el adjetivo: sostenida).

A diferencia del Banco de México, al que –de una manera miope, derivada del trauma de la hiperinflación en tiempos de Miguel De la Madrid– le han asignado exclusivamente un papel antiinflacionario, la Fed tiene entre sus tareas, “maximizar el empleo” y “lograr unos tipos de interés de largo plazo moderados”.

Pues bien, a pesar de eso, cuando la economía crece al 4 por ciento, los expertos pronostican alza en las tasas de interés… pero igual lo hacen cuando va al 1.9, al 0.5 o al -0.9 por ciento.

En otras palabras, no hay un razonamiento detrás del pronóstico, sino un juego perverso. Dicen que va a subir porque no puede bajar: cuando la Fed se decida y acepte un aumento mínimo, dirán: “Tal y como pronosticamos…”, sin explicar por qué fallaron más de un año en la fecha.

En algunos medios masivos mexicanos la cosa está peor. He escuchado “analistas” que dicen que, porque la economía china está en problemas y porque no ha bajado el desempleo estadunidense, EU subirá las tasas de interés. No amiguitos charlatanes, es al revés: si la economía mundial crece demasiado rápido, entonces es cuando aumentan los intereses.

Lo ridículo del caso (y ahí es cuando hago entripado) es que el mero efecto de los magos de Oz –porque son más falsos que el de la película– afecta en realidad a los mercados, generando una expectativa que no por falsa deja de ser influyente.

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