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Cuotas de género

Opinión-colorERICK ZUÑIGA

Algunos opinan que las cuotas aprobadas para que las mujeres puedan ser electas como diputadas federales, no están resolviendo nada y afirman que las bondades que se les atribuyen están fundadas en falacias y que lo conveniente sería que quien las aprueba reconozca con seriedad que sus objetivos están muy lejos de la realidad.

Afirman que el hecho de que una creencia sea popular no la hace verdadera y tal es el caso de las cuotas de género que ahora se han logrado aprobar y que buscan la paridad (50-50) para el Congreso Federal. Esto a juicio de los detractores no está haciendo ni mejores legisladores ni más incluyentes los espacios de participación política.

Para justificar tales afirmaciones analizan el concepto mismo de la representación, que se puede dar de tres maneras: la representación descriptiva, que sería la simple presencia de miembros de un grupo social en un cuerpo legislativo; la representación simbólica que alude a la imagen misma que producen los representantes a sus representados y, finalmente la representación sustantiva que tiene que ver con la promoción efectiva de los intereses de un grupo específico en el proceso legislativo.

Basándose en esa clasificación se argumenta que las cuotas de género sólo aumentan la representación descriptiva de las mujeres en el Congreso y se preguntan si los intereses de las mueres sólo pueden representarlos las mujeres. Les contestaríamos que no, y que también las mujeres pueden representar los intereses de los varones. Quienes esto afirman y analizan no van al fondo del problema ni a las razones del por qué de las medidas que se están empleando para solucionarlo, entre las que están las cuotas.

Las cuotas de género no tienen como propósito final y de fondo que haya mujeres en el Congreso; esto es sólo una de las muchas acciones que la sociedad debe y deberá seguir tomando para eliminar la desigualdad esencial ente mujeres y hombres; una desigualdad milenaria que las tenía colocadas al nivel de los esclavos y de los niños, ambos sectores fueron logrando ser considerados como personas con los mismos derechos.

Los esclavos lo lograron tras sangrientas luchas y a la niñez la rescató la Declaración Universal de los Derechos de los Niños y las Niñas. Sólo para las mujeres, que por ley dependían también de los varones, no se ha dado un decreto ni una declaración universal de liberación; se han reformado leyes como cuando se les reconoció su derecho a votar y ser electas; se han modificado códigos para que les permitieran salir del país o aceptar un empleo sin la autorización, por escrito, del papá, o del esposo y a falta de ambos, del hijo mayor.

La lucha por la liberación de las mujeres es por su igualdad esencial como personas respecto a los varones, no es para que ahora ellas hagan todo lo que a ellos les asignó la sociedad, se busca una igualdad donde ninguno, sea hombre o mujer, dependa de otro, sino que ambos, al mismo nivel, puedan decidir, sin condicionamientos culturales ni con la rígida asignación de roles en que la tradición encajonó a hombres y mujeres.

Las acciones afirmativas son un medio para romper atavismos y avanzar en esa dirección, serán transitorias en tanto la sociedad se acostumbra a que mujeres y hombres son esencialmente iguales y que cada persona, sea hombre o mujer puede escoger libremente el camino de su vida.

Se teme también que las mujeres lleguen al Congreso sin la debida preparación. No hay razón para ello, en la LX Legislatura todas las diputadas habían cursado la licenciatura y había diputados sin terminar la preparatoria.

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