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Hace justo 75 años que regalaron su diario a Ana Frank

12 de junio de 1942: Ana Frank cumplía 13 años y su padre, sin sospecharlo, le regalaba un cuaderno cuyo contenido iba a ser uno de los documentos más leídos y analizados de la historia moderna. No sabía Ana, que le dedicó sus primera palabras a una amiga imaginaria llamada Kitty, la historia que consignaría en ese cuaderno: “Espero ser capaz de confesarte todo a ti como a nadie más le he de confesar mis cosas, y espero que seas una gran fuente de calma y apoyo”, escribió la jovencita en un día como hoy hace 75 años.

Anne ya estaba al tanto de las consecuencias que empezaba a traer los nazis para su familia. Se habían mudado, tras el arribo de Hitler al poder, en el otoño de 1933 de Alemania a Holanda, en donde su padre había conseguido un trabajo e intentaba refundar una nueva vida más o menos normal. Pero unas cuantas semanas después de recibir el diario, Anne tuvo que dejar su casa y esconderse en la parte de atrás del edificio en donde trabaja su padre para vivir ahí por dos años y un mes sin tener más contacto con el mundo de afuera.

Para pasar las horas de encierro, la jovencita se mantendría escribiendo largos relatos en su diario encontrando en eso sosiego y un cierto disfrute: “Escribir en un diario es una experiencia muy extraña para alguien como yo. No solo porque nunca antes escribí, sino porque me parece que ni ahora ni nunca alguien va a estar interesado en las reflexiones de una niña de 13 años. Muy bien. No importa. Siento simplemente que tengo que escribir”.

Se equivocaba Ana. “Para millones de jóvenes, Ana Frank y su diario ha sido el punto de partida para la comprensión del complicado mundo del Holocausto, en parte, porque es una historia contada en la voz de una niña que parece no solo muy normal sino muy confiable”, explica Edna Friedberg, del Instituto Levine para la Educación sobre el Holocausto, del Museo de la Memoria del Holocausto de EEUU.

“Es el destino de esta pequeña el que termina por darle una cara al horrible número de personas asesinadas durante esta época. Eso es lo que ha hecho de Anna Frank un ícono”, ha sentenciado, por su parte, Thomas Heppener del Museo de Anne Frank en Amsterdam.

A lo largo de sus letras se lee el desasosiego de oír las bombas que se avecinan y del desespero natural de estar confinada con su familia y amigos al encierro. Se perciben también los pensamientos propios de una adolescente que sufre con los cambios de su propio cuerpo y que fantasea sobre el amor. “Especialmente las jovencitas pueden identificarse aún hoy fuertemente con su historia, porque es una que se cuenta a través de preguntas que aún hoy siguen siendo relevantes”, añade Heppener.

Pero sobre todo entre sus notas brotan con tremenda potencia una serie de frases llenas de esperanza y coraje que delatan las fortalezas humanas incluso en los momentos más inclementes:

“Todo el mundo tiene en su interior un poco de buenas noticias. Esa buena noticia es que no sabes cuan grandioso puedes ser, cuanto puedes llegar a amar, lo que puedes conseguir, y cuál es tu potencial”.

“Sé lo que quiero, tengo una meta, y una opinión. Déjenme ser yo misma y entonces estaré satisfecha. Sé que soy una mujer, una mujer con mucha fortaleza interior y mucho coraje”.

“No creo en la miseria, sino en la belleza que aún perdura”.

Escribía la jovencita que con esa aventura en la escritura mantuvo su espíritu vivo, y con ese gesto vivos también los espíritus de los más de 1 millón de niños que murieron durante el Holocausto.

Anne Frank murió de tifus en 1945 en el campo de concentración Bergen Belsen, de su familia solo su padre sobrevivió y sería él el que finalmente en 1947 accedería a publicar los pensamientos que su pequeña hija dejó plasmado en aquel cuaderno de tapa roja que la hicieron inmortal.

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