Inicio / OPINIÓN / Controles gringos en México

Controles gringos en México

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

A Estados Unidos no le importa la droga en tránsito, sino ubicar a quienes pueden ser señalados como terroristas o por lo menos peligrosos contra la seguridad interior del gobierno de Washington.No pasa un día en el que no recibamos una noticia peor que la del día anterior. Parece que en las alturas a nadie le importa, mientras los dejen hacer su santa voluntad en el manejo de lo que llaman sin pudor alguno “la administración pública”, fuente de riquezas sin fin y cómodo medio de transitar por el mundo sin agobios de ninguna naturaleza.

Un día, sin que nadie se escandalice ni proteste, nos dicen así como si nada que los agentes de la DEA con los que se tropieza cualquier ciudadano nomás al cruzar el umbral de su domicilio, pueden andar armados, lo que ya hacían con permiso o sin él; ilusos, creímos la patraña de que a los policías gringos se les abría una sola ventanilla y que ya no podrían actuar por su cuenta y riesgo como suelen hacer.

Cierto es que en las leyes y los reglamentos para el uso de armas está expresa la prohibición para que agentes extranjeros las porten, pero eso lo dice un papel, no las autoridades entretenidas en aumentar las penalidades para los nacionales que en desesperada defensa de su vida y la de los suyos, pretenda tener en casa un arma de fuego. Lo que por cierto permite la Constitución, ese librito que sirve lo mismo para limpiar conciencias que para exonerar culpables.

Sabida la ubicación del edificio inteligente donde reposan los personeros de la seguridad interior de Estados Unidos, a escasos metros de la embajada en Paseo de la Reforma, allí encontramos medio centenar de cuerpos policíacos gringos a los que ni siquiera les despeinó la noticia de que tendrían que respetar acuerdos, convenios y leyes mexicanas.Y para que quede claro, la DEA, la agencia antidrogas de Estados Unidos anunció que investiga al cantante Vicente Fernández por posible lavado de dinero en sus palenques y actuaciones en provincia. No pidió anuencia, simplemente avisó lo que ya está haciendo.

Dentro de este triste panorama, tiene sentido el nombramiento de Eduardo Medina Mora Icaza como ministro de la Suprema Corte. De embajador en Washington, a miembro del vetusto cuerpo que valida la constitucionalidad de muchas de las decisiones que se están tomando en México, inclúyase las cantadas y hasta ahora inexistentes reformas constitucionales contra corrupción, falta de transparencia, impuestos y muchas otras.

Por si algo falta, el SAT, ese ente dedicado a enredarles la vida a los que aceptan pagar como ciudadanos cumplidos sus impuestos, ha decidido que todo viajero debe acreditar hasta la talla de sus calzones y enterarlo a las autoridades. A las mexicanas, claro, pero con extensión a las gringas que así buscan controlar mejor a quienes gastan mucho en transportes internacionales.

A la fecha, empleados de concesionarios españoles controlan el paso de los viajeros en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, pero bajo la supervisión de agentes estadunidenses que no han sido capaces o no han estado interesados en impedir el trasiego de drogas por esa terminal, como lo demuestran las dos maletas capturadas en Madrid en dos viajes distintos con casi cien kilos de cocaína cada una, localizadas entre el equipaje de sobrecargos de Aeronaves de México.

O el tiroteo entre policías federales en plena zona de comida rápida de la terminal dos, disputando un alijo de droga.La función de los agentes extranjeros es contra los viajeros mexicanos. Y a Estados Unidos no le importa la droga en tránsito, sino ubicar a quienes pueden ser señalados como terroristas o por lo menos peligrosos contra la seguridad interior del gobierno de Washington.

Frustración nacional

La frustración llegó demasiado pronto. Era la reforma-emblema, la demostración irrefutable del talante modernizador del gobierno. Objeto de orgullo que todavía ahora –y contra las evidencias- formó parte del discurso y la exhibición oficial en Gran Bretaña.

Dijo el primer mandatario: “El proceso de implementación de la reforma energética en México se ha logrado en un tiempo récord, en especial por el interés para generar mejores condiciones de vida para los mexicanos y de promover ganancias para las empresas que inviertan en México”.

Bueno, no tanto. Al día siguiente, la encuesta aguafiestas de Banxico mostraba —por sexto mes consecutivo— una corrección de los pronósticos hacia abajo: 3 por ciento de crecimiento en 2015, si bien nos va.

Y mientras se presume en el extranjero nuestra voluntad de compartir los recursos energéticos; y mientras esperamos los hipotéticos resultados de las reformas estructurales, Pemex atraviesa su peor hora: está perdiendo 60 millones de dólares –todos los días-  durante el primer bimestre de este año.

Su mala racha viene de más lejos: en octubre, noviembre y diciembre del año pasado, Pemex perdió 115 mil 900 millones de pesos ¡el doble que el mismo periodo de 2013! Visto de  otro modo: nuestra “empresa productiva del Estado” acumula nueve trimestres de resultados negativos, precisamente en el momento en que se ve obligada a cambiar y volverse “más competitiva” a decir del voluntarioso texto de la reforma energética.

Si vemos todo el año 2014, el panorama es desolador: pérdidas por 26 mil 820 millones de pesos, 55 por ciento mayores que en 2013.

Y lo peor es que ahora Pemex produce menos petróleo: 2.4 millones de barriles diarios, menos que en 2013 y mucho menos que hace diez años, cuando la vilipendiada estatal producía su récord de 3.4 millones barriles diarios.

¿Cuál es el plan?

Una empresa ostensiblemente debilitada -–en su peor hora, insisto— es colocada a competir con los gigantes del ramo, para que la profecía neoliberal se autocumpla: ¿Lo ven? Pemex no puede, es un gigante zombi, una reliquia del estatismo, una empresa que debe morir y ceder la riqueza petrolera a quien sí la puede y la sabe aprovechar: las convidadas hermanas petroleras.

Como si no fuera bastante grave el panorama, Hacienda le propina a Pemex una nueva zancadilla: debido a la debilidad fiscal de siempre, la Secretaría le arrebata el 11.5 por ciento del presupuesto, unos 4 mil 170 millones de dólares. ¿Y la autonomía de Pemex, pilar de la reforma energética? Adivinaron: era un chiste.

Para cerrar el cuadro, los funcionarios, ingenieros, administradores de mayor talento y valor escenifican una discreta pero masiva salida de la empresa, porque nadie quiere estar dentro de un edificio derrumbado o porque han recibido ofertas que triplican los sueldos con los que la mengua de Pemex, ya no puede competir. Y ni hablar del pasivo laboral de la empresa que ya brincó el billón de pesos.

Así, víctima de una reforma apresurada, ideológica y nacida en una coyuntura de salto técnico, que ha vuelto abundante y barato al pétroleo, Pemex parece estar condenada a su definitiva agonía en los siguientes años.

Pero ni siquiera eso es lo peor: todavía hoy, esa empresa que fue insultada y vilipendiada para abrir paso a la privatización, provee uno de cada tres pesos del gasto público de México. Uno de cada tres. De modo que la agonía de Pemex –sin mayor recaudación- representará, a la vuelta de la esquina, la agonía financiera del Estado mexicano.

Revisar tambien

Zedillo, ‘chapulín fifí’ que brincó a empresa vinculada a gobierno: López Obrador

Agencias/El Presidente pidió que se apruebe la ley de austeridad que impedirá a funcionarios trabajar ...