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Compromiso con nosotros mismos

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Tener la razón no siempre es bueno. Sobre todo cuando la verdad que asoma a su lado nos enfrenta a un panorama decadente. Para explicarlo voy a recurrir a un viejo texto. En periodismo, un artículo de opinión apesta a naftalina después de una semana. Lo cierto es que hace poco más de un año y medio, al inicio del sexenio de Peña Nieto, escribí un artículo que voy a recuperar con algunas apostillas. Aprovecharé las circunstancias para darle un par de ajustes y después me limitaré a comentar mi autorrefrito a la luz del presente. Y dice:

Según cifras de Milenio, en el lapso que lleva Peña Nieto como presidente, no han bajado las cifras de decesos en relación con el pasado inmediato. En otras palabras, el problema de seguridad y violencia será un tema que más allá de las nuevas estrategias para combatirlo (acompañadas, hay que reconocerlo, de un mejor soporte retórico) seguirá latente en lo medios porque sigue presente en las mediciones que hacemos los gobernados y porque es uno de los principales problemas que se tienen que resolver sin dilación. Dicho también en términos retóricos, es el problema nacional.

Las palabras bonitas y las florituras de los secretarios en las entrevistas con los más arrastrados o agudos periodistas servirán de muy poco si el panorama no empieza a cambiar de fondo. Cualquier crecimiento económico, salvo el asociado a la industria del crimen organizado y sus lucrativas actividades secundarias y terciarias, requiere de un ambiente de paz. Muchos mexicanos se encuentran ya en esa sintonía y conservan una moderada esperanza de que se verán cambios reales. La economía de la paz, aunque parezca perogrullada, tiene que imponerse a la economía de la guerra (o la economía de la pax). Es necesario, vital, recuperar la libertad de circulación en las carreteras, abolir de raíz el derecho de piso en cualquier rincón del país, terminar con los secuestros y mantener una enérgica política exterior con Estados Unidos contra el trasiego de armas.

Un sondeo aparecido ayer en las páginas electrónicas de este diario, proponía cuatro posibles respuestas a una sencilla pregunta: ¿Cuáles son los retos que consideras prioritarios para México? Cito las opciones en orden: 1) Salud, economía y seguridad; 2) Corrupción, educación y seguridad; 3) Alianza política, paz y salud; 4) Infraestructura, economía y paz.

La mayoría de los votos se inclinó por la segunda opción. Es decir, existe una fundada percepción de que resolviendo los problemas de corrupción, educación y seguridad (este rubro de hecho se planteó en la opción uno) el país podrá avanzar y resolver sus problemas económicos, de infraestructura y de salud.

Tampoco será posible, como se pretendió durante el sexenio de Calderón, establecer una especie de ley mordaza (o en estos tiempos priistas podríamos llamarlo acuerdo mordaza) porque sencillamente es imposible y sería contraproducente gracias a la información que surge de las redes sociales, alimentada por muchísimos ciudadanos y de la información emanada de una gran cantidad de organismos ciudadanos luchando por la justicia, contra la violencia y por los derechos humanos.

Es cierto que apenas llevamos un mes del nuevo gobierno, pero en este año de transformaciones la paz (y no la pax, como se ha escrito con ironía cuando se habla de una paz pactada con el crimen que además tampoco es posible ni viable, además de que nunca fue deseable) tiene que ser la prioridad de gobierno. Más allá de las “reestructuraciones”, para las que los priistas se pintan solos, y de la retórica inflada, en las que son los amos del falsete, tiene que haber un compromiso funcional y acelerado por la paz para que el resto de la maquinaria vuelva a caminar. Yo deseo que así sea.

De cuidado

Asusta el interés de Estados Unidos por los sucesos de Iguala. La Casa Blanca repite por enésima ocasión que debe resolverse prontamente, mientras la encargada de vigilar el traspatio, Roberta Jacobson, ofrece sus agencias de investigación para encontrar a los culpables de lo que podría ser, en territorio perredista ––o sea la izquierda a la mexicana—, históricamente la mayor matanza de ciudadanos inermes.

Se cumplió el primer mes de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa sin saber cuál será la consecuencia, si siguen las protestas de maestros rebeldes y paros escolares encabezados por el Instituto Politécnico Nacional, gremios a quienes se le ha concedido todo lo pedido, pero quieren más.

La renuncia ––que no es tal, sino permiso por 30 días— de Ángel Heladio Aguirre Rivero no resolverá el misterio, pero da certeza de que el ex mandatario camina a la impunidad. Dos son sus culpas: cuando se desató la balacera en Iguala fue informado y, como lobito de la misma loma con José Luis Abarca, conocía los nexos de la familia política del ex alcalde con la delincuencia organizada.

El principal respaldo económico para la campaña de Aguirre fueron Abarca y su familia política, de allí que al momento de la creación de policías comunitarias Iguala haya recibido especial atención del entonces mandatario, con armas, uniformes, transportes y dinero, parte del reintegro de lo aportado por los narcos.

El titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, comentó a Aguirre que Abarca y su mujer serían imputados por los seis muertos; no se conocía la desaparición de los estudiantes. Es más, 14 de ellos estaban en sus casas tras la balacera. Existe certeza de que Aguirre avisó a los delincuentes.

Criminales creativos

Un texto aparecido en un periódico del sur antes de las elecciones para gobernador enlista nexos de Abarca con el crimen organizado, vía su esposa, cuyos hermanos dirigían la organización especializada en heroína negra; uno en la zona costera de Guerrero y el otro en Morelos.

El escrito asegura que el alcalde vendía sombreros de palma en el mercado de Iguala, pero a su arribo a la política de la mano de su esposa se convirtió en el hombre más rico de la región, con un centro joyero que trafica con oro (para lavar dinero) y de una plaza comercial con aire acondicionado en todos los locales y con varias salas de cine.

“Existen nexos cercanos con una de las organizaciones delictivas más poderosas en el mundo del narco en México –dice el material periodístico—, siendo que se dice que son los papás y hermanos de la pareja sentimental (quien no lo deja ni a sol ni a sombra en campaña, le organiza actos de campaña y acude inclusive con él a las entrevistas que le realizan al ahora candidato en la radio) de Abarca los involucrados; los primeros fueron detenidos y salieron en libertad derivado de sus altas influencias con el narco, y los segundos abatidos como resultado de un operativo en la ciudad de Morelos”.

Se respeta el texto tal cual, incluyendo la mención a la “ciudad (estado) de Morelos”. Abarca utilizaba dinero narco “del Cártel de los Beltrán Leyva. Reflexionemos, ¿queremos matanzas en Iguala como en otras ciudades del estado donde hoy es imposible habitar, queremos el desplazamiento de las personas de sus comunidades por tener un narco alcalde?”.

Remata citando a Michoacán, donde el PRD propuso candidatos narcos a puestos de elección popular, a los que después encubrió.

La aparición de guardias comunitarios afiliados a la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG) permitió anticipar que empezarían los cobros por derecho de piso, los secuestros y toda la gama de delitos con los que se mantienen nuestroscreativos delincuentes.

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