Inicio / OPINIÓN / Competencias para el mercado

Competencias para el mercado

Opinión-colorErick Zúñiga

El modelo educativo que tenemos en México tiene todavía resabios porfiristas inaceptables: asumimos aún el modelo enciclopedista dirigido a la acumulación de información y datos que apuntan más a la formación de “eruditos”, y que ha dado como consecuencia una población críptica, antes que crítica, ante nuestra compleja realidad.

Las alternativas que se han desarrollado difieren en método y forma, pero su propósito resulta cuestionable, al menos en algunas de sus aristas. Por ejemplo, nos hablan ahora de la educación centrada en la “generación de competencias”; modelo que sin duda es mucho mejor que el “memorístico”, pero respecto del cual hemos obviado la pregunta esencial: ¿competencias para qué?

Esta cuestión es importante, porque ese modelo está orientado a generar las que podrían llamarse “competencias para el mercado”; es decir, es una educación que se dirige a la formación de personas con enormes habilidades técnicas, pero que descuida la formación ética y humanística.

Cuando se piensa en el carácter pluricultural de la nación mexicana la cuestión se hace todavía más compleja: ¿cuáles serían las “competencias” que deben enseñarse en las comunidades y pueblos indígenas, si se asume con seriedad y responsabilidad el mandato constitucional de proteger y fomentar el capital cultural de los pueblos originarios?

Es aceptable asumir que la enseñanza de las matemáticas y de los principios elementales de la ciencia es ineludible; empero, no debe perderse de vista que el modelo de educación –también el centrado en las competencias-, es esencialmente individualista y promueve sobre todas las cosas la primacía del sujeto sobre la realidad.

Tal forma de enseñanza es incompatible y poco pertinente para la mayoría de las personas que son hablantes de lenguas indígenas o que se asumen parte de los pueblos originarios; en la mayoría de los cuales la idea de la comunidad, la pertenencia y las formas de realización colectiva tienen prioridad sobre las “motivaciones de realización individual” que privan en nuestra visión dominante del mundo.

El arte construido por las personas indígenas (su literatura, su pintura, su arquitectura, entre otros) es una expresión cultural que forma parte de cosmovisiones distintas a las que predominan como generalidad en nuestro país, y al excluirlas estamos perdiendo mucho de lo mejor que tenemos como nación.

Por todo esto es una buena noticia que al final de cuentas la evaluación educativa continúe sin regateos. El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) ya hizo de hecho una consulta, como lo manda la Constitución, a las comunidades y pueblos indígenas, y Sylvia Schmelkes, presidenta del INEE, sostiene que sus resultados permiten plantear acciones que deben implementarse desde ya, si queremos comenzar a ver resultados dentro de cinco años.

De ese tamaño es la urgencia: el grado de rezago en infraestructura, en disponibilidad de materiales bilingües, así como en la disponibilidad de profesoras y profesores que hablen la lengua materna de las comunidades a que son asignados es de tal magnitud que, de iniciar con cambios en serio, los efectos comenzarán a percibirse con claridad sólo hasta dentro de varios años.

El reto sin duda es iniciar ya, por lo que el nuevo Congreso de la Unión debe aprovechar la oportunidad que se abre respecto de la propuesta del “Presupuesto base cero”, y redefinir las prioridades de gasto del país, no con base en los criterios tecnocráticos que se han seguido inercialmente desde hace 30 años, sino con base en un catálogo de valores y principios democráticos que no pueden tener otra finalidad sino la de cumplir plenamente la Constitución.

Revisar tambien

Zedillo, ‘chapulín fifí’ que brincó a empresa vinculada a gobierno: López Obrador

Agencias/El Presidente pidió que se apruebe la ley de austeridad que impedirá a funcionarios trabajar ...