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Combatir la corrupción

Opinión-colorErick Zúñiga

Los órganos de combate a la corrupción surgen siempre en coyunturas políticas delicadas en las que el régimen necesita una nueva legitimidad social frente a un escándalo mayúsculo.

Nacen también cuando el modelo o sistema vigente de rendición de cuentas empieza a crujir por ineficiencia o por impotencia a falta de instrumentos legales o institucionales modernos para hacer frente a nuevas formas de corrupción.

En ambos casos, empero, se requiere la voluntad clara y expresa de la clase política no solo para impulsar el alumbramiento del nuevo órgano, sino principalmente, de compromiso para mantenerlo con vida, fuerza y autonomía y para acatar sus fallos.

Estos órganos tienen más o menos el mismo ciclo vital: Primero, muy altas expectativas sociales de inicio al presentar la creación del nuevo ente como la más probable solución al problema; segundo, los logros y avances esperados no llegan tan pronto como se esperaba; tercero, en consecuencia, el congreso y, en su caso, los órganos internacionales, empiezan a reducir el presupuesto de la institución, lo que genera un peor desempeño; cuarto, surge así un enorme desencanto o decepción generalizados, que con frecuencia desemboca en una condena nacional al órgano, sino es que en su desaparición lisa y llana o en una vida inercial de ineficacia y apatía institucionales.

Eso les pasa a los órganos que fracasan, pero aun los que sobreviven encaran condiciones muy difíciles sobre todo si asumen a cabalidad su mandato y empiezan a investigar, perseguir y sancionar con diligencia conductas ilegales.

¿Existen en México condiciones para la creación de un órgano así? Si. ¿Estamos presenciando un escándalo mayúsculo de corrupción o la articulación orgánica de la rendición de cuentas empieza a exhibir deterioro? ¡Claro!

Debo insistir: en la arquitectura institucional del combate a la corrupción y la rendición de cuentas, las entidades de fiscalización superior (EFS) son ejes fundamentales. Con la estructura, atribuciones y autonomía de gestión adecuadas pueden vertebrarse en auténticos soportes del sistema político entero. Kenneth Dye (ex auditor general de Canadá) y Rick Stapehurst así las calificaron en su ensayo “Pilares de la Integridad: la importancia de las Auditorías Superiores en el combate a la corrupción”.

En el texto, clásico en la materia, alegaron que una de las notas distintivas de la gobernanza moderna es la rendición de cuentas y que la corrupción la mina desde sus cimientos, pues “exime” al funcionario de “comparecer” ante la sociedad y darle cuentas de su desempeño.

Señalan que las EFS son  herramientas importantes en la promoción de la transparencia y la rendición de cuentas en el combate a la opacidad y la corrupción. Inclusive proponen una fórmula para explicar la corrupción: C= M + D – AT, en donde C es la corrupción, M es monopolio de poder, D es discrecionalidad, A es Rendición de Cuentas (Accountability) y T es Transparencia, que es el elemento que ellos adicionan.

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