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Cambio de reglas

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Internet ha cambiado las reglas del juego político en el mundo. Las elecciones no son lo que eran antes de la irrupción de la red. Partidos políticos y candidatos a puestos de elección popular dedican cada vez más tiempo y recursos a las redes sociales para establecer contacto con los ciudadanos. Lo hacen también para enviar mensajes de proselitismo, para atacar a sus rivales o defenderse de ellos; para ser, en suma, parte de la conversación digital sobre la lucha por el poder.

El primer domingo de junio de este año serán las elecciones intermedias en México. Se renovará la totalidad de la Cámara de Diputados. Estarán en disputa 9 gubernaturas, entre más de mil cargos. Sobre el escritorio de dirigentes políticos y analistas hay varias preguntas que aguardan respuesta ¿Cuál será la influencia de las redes sociales en la conformación del nuevo mapa político mexicano? ¿El contenido de las redes tiene relación directa con el dictado de las urnas? ¿Twitter, Instagram o Facebook reflejan con nitidez la correlación de fuerzas políticas en el país? La respuesta a estas y otras preguntas relacionadas con las redes está en vías de construcción. Estamos ante un fenómeno reciente cuyo andamiaje teórico está en etapas iniciales.

No obstante, en la elección presidencial del 2012 ya se registró una primera experiencia de alto impacto. Me refiero al surgimiento del llamado movimiento #YoSoy132 que partió de un video colectivo de estudiantes de la Universidad Iberoamericana contrario a la candidatura de Enrique Peña, difundido por YouTube. El equipo del entonces candidato priista nunca lo pudo contener. Peña ganó esa elección con una ventaja de tres millones de votos, pero observadores sostienen que el daño ocasionado por el #YoSoy132 en las redes fue mucho mayor al que pudieron ocasionarle panistas y perredistas. Internet quedó establecido como un factor relevante a considerar en las estrategias de competencia.

Todavía no se sabe bien a bien si leer mensajes en las redes, por ejemplo en Twitter, es capaz de cambiar en un ciudadano sus intenciones de voto y sufragar por el PAN en lugar de hacerlo por el PRD. O si mueve a una persona que no pensaba votar y quedarse en su casa a acudir a las urnas. Una de las características fundamentales de las redes es que constituyen un espacio ajeno a la versión oficial, unidireccional, vertical, de los acontecimientos. De hecho esas versiones oficiales, dominantes por ejemplo en los medios tradicionales, en internet son objeto de suspicacias e incluso de rechazo sistemático. En las redes todo mundo puede ser emisor, lo que constituye un cambio cualitativo de alcances impredecibles en la contienda electoral del presente y sobre todo del futuro. La pregunta clave es: ¿El internet gana elecciones?

Sus verdaderos alcances son un misterio. Durante la llamada Primavera Árabe que dio al traste con los regímenes autoritarias de Túnez y Egipto, la prensa occidental ponderó mucho el impacto de las redes sociales, a las que ubicaron como eficaz arma de los ciudadanos para deshacerse de los sátrapas. La realidad demostró tiempo después que el poder real detrás de los cambios fue el régimen norteamericano, que quitó a unos dictadores disfuncionales y puso a otros menos desgastados. Lo anterior no significa que las redes no tengan influencia real, supone que no hacen magia. De hecho el gobierno que las toma más en serio es el de Estados Unidos. Barack Obama tiene en su nómina a los más reconocidos especialistas en el uso político de las nuevas tecnologías.

Me ha tocado escuchar comunicadores de fuerzas políticas que sostienen que durante la campaña electoral las redes harán mucho ruido, brindarán a los periodistas material de sobra, pero que su influencia real en las urnas será, todavía, limitada.

Valores perdidos

Responsabilidad y conciencia social son dos valores erosionados en el relieve político de México y el mundo. Su desmoronamiento a través del tiempo ha provocado la gran crisis de credibilidad en la gestión política que dificulta el desarrollo social de países como el nuestro que requieren compartir una sola visión de cambio para lograr transformaciones importantes.

No importa cómo sean adornados los grandes asuntos de los partidos políticos o sus actuales propuestas de campaña, la carencia de valores tan básicos para el desarrollo de una ‘buena política’ como la responsabilidad y conciencia social en el fundamento de la acción política, demerita su imagen y reduce el valor de todos sus mensajes.

Si existe una desconfianza global o nacional en un oficio tan trascendente como la política es consecuencia del enfoque mercantil y corrupto con el que muchos utilizan su poder.

Es la enfermedad que degenera toda posibilidad de cambiar el mundo de forma justa y sostenible; es la epidemia que contamina el presente de las comunidades más vulnerables y convierte el futuro anhelado en utopía permanente.

Dentro de este contexto, resulta lamentable la parafernalia mediática desplegada en una época electoral como la que atravesamos en México, sobre todo, cuando se intenta encontrar una correspondencia lógica entre la realidad vivida por muchos ciudadanos y el gasto desmedido e incontenible en recursos propagandísticos y publicitarios por parte de las instituciones políticas más influyentes de la nación.

Responsabilidad y compromiso

Nuestra gente sufre en un lugar donde lo etéreo es más importante que lo tangible; donde el tiempo para anunciarse es más relevante que dar solución a aquellos problemas que vulneran las garantías humanas del pueblo mexicano: la pobreza, la inseguridad, el hambre, la discriminación, la falta de educación.

Si tan sólo existiese mayor disposición para solventar las necesidades que mantienen a México en este limbo de incertidumbre, se potenciaría una nueva actitud ciudadana que permitiría que el ejercicio político brillara como nunca antes.

Destinando los mismos recursos a reparar el daño de varias décadas de promesas que al diseño y exposición de anuncios intermitentes, se motivaría a creer en la existencia de una política provechosa; se incrementaría el interés y participación de la gente en temas políticos; se forjaría una sociedad diferente que fundamentara un verdadero proyecto de nación.

Responsabilidad y conciencia social es lo que necesita prevalecer en el actuar de cada entidad política del mundo. Sólo demostrando acciones que correspondan a la realidad que viven las personas que los políticos representan lograrán reivindicar aquellos conceptos tan relevantes y tan trivializados dentro de la narrativa de cada época electoral: esperanza, cambio, prosperidad, avance, futuro…

El compromiso más grande de la política es con la gente y sus necesidades. A partir de la satisfacción de ellas y la protección a cada uno de sus derechos, debe construirse cualquier proyecto.

Ésta es la única manera en que recuperaremos las oportunidades desperdiciadas de cambiar verdaderamente al mundo que nos ha sido confiado para liderar y transformar.

Si tienes la idea que no podemos cambiar el pasado; ¿por qué no decidir hacer algo en el presente para mejorar el futuro?

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