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Cambiar por el bien de México

Opinión-colorDesde muy diferentes instancias se levantan voces de grupos sociales y políticos, de organizaciones empresariales, de personalidades públicas, de especialistas, que advierten que, pese a la ola de optimismo que funcionarios oficiales pretenden impregnar en la sociedad, no estamos en un ambiente normal en México ni en lo económico, ni en lo social ni en lo político, que hay que cambiar pacíficamente la situación antes de que nos absorba la catástrofe.

Mucho se señala particularmente uno de los problemas críticos: la bajísima creación de puestos de trabajo digno, especialmente para los jóvenes, como podemos atestiguar todos los días en todas partes, cuestión relacionada obviamente con el estancamiento real en que continúa la economía mexicana, a pesar de todo lo que se le pregona a la gente de los resultados “futuros” de las reformas estructurales, y con la inseguridad y los problemas en la procuración de justicia como unos de los principales factores en contra del crecimiento económico. Y con lo que sigue haciendo falta una política industrial para incorporar más trabajo nacional en lo producido y exportado por el país. Así, de acuerdo a un informe reciente del INEGI, en 2014 fueron creados apenas 188 mil empleos, la menor cifra desde 2006.

El malestar social existe, es real, y además de protestar contra el desempleo, se manifiesta de muchas otras maneras por la desigualdad económica, frente a las graves violaciones a los derechos humanos y la corrupción imperante; por los perniciosos efectos de los grandes proyectos de infraestructura en las comunidades y el medio ambiente; por el apego del gobierno a las políticas económicas neoliberales más atrasadas. Incluso, ante la crisis en las instituciones autónomas que han sido creadas para una mejor defensa de las libertades y derechos ciudadanos, copadas en sus actividades por su baja capacidad para cumplir sus funciones, por los escasos recursos disponibles ante la inmensidad de las quejas, y por el burocratismo inherente.

Fue sintomático que el presidente de la Asociación Mexicana de Bancos, Luis Robles Miaja, quien reconoce que “estamos viviendo el mejor ciclo de la banca en los últimos 100 años”, no haya dejado de lanzar duras críticas sobre la actual coyuntura del país en diversas instancias durante la reciente reunión anual de ese organismo (no, por supuesto, en las conclusiones oficiales del evento, que fueron mucho más optimistas). Así, dijo que “es inconcebible que 60 por ciento de la población económicamente activa tenga un trabajo informal… en México la productividad desde los años 80 ha tenido una caída bestial, producto de esa informalidad”. También señaló: “tenemos que resolver la pobreza y el desequilibrio regional que existe… la violencia del crimen organizado, la falta de vigencia plena del estado de derecho, la corrupción y la impunidad, así como la falta de desarrollo institucional en algunos niveles del gobierno y su deficiente transparencia y rendición de cuentas”. Nada menos.

Lo que no se agota por cierto en las próximas elecciones intermedias del 7 de junio, respecto a las cuales la clase política y los partidos políticos, al no asumir esos problemas y esos retos, están dando a la ciudadanía la peor de las impresiones, con tan chafas precampañas electorales, con la falta de alternativas de voto respetables, alimentando aún más el descontento social. Muy difícilmente en los dos meses y medio que faltan para la elección veremos algún cambio; si acaso el crecimiento de la ya de por sí abultada abstención prevista por los expertos o del voto nulo, junto con un reacomodo de fuerzas entre los propios partidos políticos… pero también quizá un acrecentamiento de la crisis de confianza en el régimen político actual. Como considera el artista belga-mexicano Francis Alÿs: “se nos fue la esperanza; y eso es muy crítico”.

Erick Zúñiga

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