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Buen negocio

Opinión-colorERICK ZUÑIGA

Una vez más regresa la polémica sobre la existencia y permanencia (a costa de nuestros impuestos) de los partidos pequeños. Ahora los grupos parlamentarios en el Congreso no logran ponerse de acuerdo en el tema de las coaliciones, incluido en la Ley General de Partidos Políticos, en específico el artículo 87.

El fondo del pleito estriba esencialmente en el tema de la sobrevivencia de estas rémoras, vía el voto, pues hasta ahora conservan un lugar en la partidocracia mexicana, gracias a las alianzas que hacen con otros grupos en las diferentes elecciones, más allá de filias y fobias y del derecho a la asociación y a la libre expresión de las ideas. Sí, es cuestión de los millones de pesos que asigna el Instituto Nacional Electoral (antes IFE) a estos satélites políticos, refugio de tránsfugas de todos colores e ideologías.

Las nuevas reglas del artículo 87 que a la letra dice: “Los votos en los que se hubiese marcado más de una opción de los partidos coaligados, serán considerados válidos para el candidato postulado, contarán como un solo voto y sin que puedan ser tomados en cuenta para la asignación de representación proporcional u otras prerrogativas”, sin duda los deja fuera del presupuesto y de la grilla.

Pero más allá de los acuerdos políticos, convendría reflexionar si realmente los mexicanos debemos financiar la existencia de siete organizaciones, PRI, PRD, PAN PVEM, Nueva Alianza, PT y Movimiento Ciudadano, cuando tenemos necesidades más apremiantes e históricas que atender como la pobreza. De acuerdo con las cifras más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), tenemos que, a 2012, 19.7 de la población vive en condición de extrema pobreza y 53.3% en pobreza.

Y qué decir de los ínfimos recursos que se asignan a la educación y la investigación, con base en los estándares internacionales debiera destinarse por lo menos el 8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y no llegamos ni siquiera al 4 por ciento. A la educación superior, a la ciencia y tecnología se le debe distribuir cuando menos el uno por ciento y en el último año apenas se le entregó el 0.6 por ciento.

Otro punto a considerar es la falta de credibilidad de los ciudadanos en sus representantes, como quedó de manifiesto en el Informe País sobre la Calidad de la Ciudadanía que presentó el INE: ‘‘los mexicanos no se sienten representados, no tienen confianza en los actores clave de la democracia, ni en las instituciones más cercanas y visibles del Estado. Sólo 19 por ciento confía mucho o algo en los partidos políticos y 17 por ciento en los diputados’’.

¡Ah!, y para documentar su optimismo, a partir de agosto próximo el erario de la democracia mexicana financiará a tres nuevos partidos: El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el Partido Encuentro Social (PES) y el Partido Humanista (PH), nuevas organizaciones que se perfilan para integrarse al sistema, con lo cual recibirán cada uno 118 millones de pesos, entrando así a la distribución de una bolsa millonaria de recursos provenientes de todos aquellos que pagamos impuestos.

Vayamos por partes. Hasta este 24 de junio, el padrón electoral es de poco más de 89 millones de ciudadanos. El salario mínimo en el DF es de alrededor de 67 pesos y el presupuesto para distribuir entre los partidos durante este 2014 asciende a 5 mil 928 millones de pesos. ¿Es entonces o no un rentable negocio crear un partido?

 

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