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Basta apegarse a la ley

Opinión-colorErick Zúñiga 

Esa forma de violencia practicada en contra de los débiles, de los diferentes o de los que no gozan de la protección de un grupo, y que conocemos comúnmente como “bullying”, constituye un fenómeno viejo en la historia de la humanidad y es, en tiempos modernos, la prueba de cómo seguimos siendo incapaces de reconocernos como iguales.

No pocas voces suelen decir, refiriéndose al acoso escolar, que hoy se le da al tema una importancia que no tiene; que el bullying ha existido siempre y que millones de seres humanos han sobrevivido a éste a lo largo de la historia.

Es probable que tengan razón quienes afirmen que el acoso escolar no es hoy más frecuente que antes y que la proporción de quienes lo padecen es la misma de otras épocas.

Sin embargo, es preciso señalar que una conducta no puede ser calificada de normal o aceptable sólo porque tenga mucho tiempo practicándose.

Tampoco es dable afirmar que “nadie se ha muerto por ser objeto de burlas” pues, por un lado, tal afirmación resulta difícil de probar y, por el otro, el acoso genera secuelas emocionales de muy diversa índole.

Incluso el testimonio de alguien que hubiera sido objeto de burlas en la infancia y luego se convirtiera en un individuo exitoso resulta insuficiente para probar la “inocuidad” del bullying, simple y sencillamente porque no se trata de una conducta inofensiva.

Por ello es necesario tomar nota del fenómeno y desplegar acciones tendientes a prevenirlo y combatirlo.

Pero para que esas acciones sean eficaces resulta indispensable que remen en la dirección correcta; es decir, en la dirección de la transformación cultural que requerimos para reconocernos como iguales y no utilizar las diferencias como arma para violentarnos mutuamente.

Asumir la diversidad como un elemento natural de nuestras comunidades, e incluso como parte de su propia riqueza, representa el primer paso indispensable para atreverse a ver al semejante como alguien que tiene derecho a un espacio propio dentro de la comunidad y para entender que garantizarle el derecho a ese espacio es responsabilidad de todos.

Y para lograr tal no se necesitan nuevas leyes o la amenaza de un castigo. Lo que se requiere es educación y formación humanista. Se requiere la adopción de un código de ética que nos empuje al terreno de la tolerancia, del respeto mutuo, de la solidaridad.

No habrá ley que pueda manifestarse eficaz allí donde los seres humanos sean incapaces de reconocerse como iguales, de respetarse mutuamente y de convivir como semejantes a partir de la aceptación de su diversidad y de sus diferencias.

Combatir el bullying y eventualmente erradicarlo no pasa por la existencia de una ley que “obligue” a prevenirlo. Pasa por la adopción de una conciencia que nos obligue al respeto mutuo por convicción propia y por el temor un castigo realmente eficaz: el reproche de nuestra propia conciencia

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

No hay congruencia

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), publicaron un estudio titulado “México, Anatomía de la Corrupción”. Conforme a dicho estudio el 91% de los mexicanos no confía en los partidos políticos, el 83% desconfía de los legisladores y el 80% no confía en el sistema de justicia.

Semejante realidad, respaldada por estadísticas formales elaboradas por instituciones respetables, coloca a la partidocracia contra la pared. Los mexicanos desconfiamos de los partidos políticos y, en general de las instituciones.

El desenlace que puede esperarse de esta situación, no se antoja positiva para el País. Probablemente, este descrédito está orillando a los partidos políticos a utilizar una retórica anticorrupción sin precedentes, en sus discursos, propuestas y campañas. Primero el Sistema Nacional Anticorrupción que aprobó el Congreso de la Unión a propuesta del PAN, en particular de Ricardo Anaya. Ahora el propio PAN inaugura la lucha anticorrupción en el interior de los partidos y encomienda este esfuerzo a Luis Felipe Bravo Mena. No tengo duda de que, más pronto que tarde, los demás partidos harán lo propio.

Conforme al pensamiento de Aristóteles y según reza el Diccionario de la Lengua,  demagogia es la perversión o degeneración de la democracia, cito: “Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”. A eso me huele, precisamente, la llamada lucha anticorrupción que dicen enarbolar los partidos políticos.

Luis Felipe Bravo Mena es un hombre honesto y honorable, no tengo la menor duda, pero ni él ni nadie van a poder erradicar o al menos controlar la corrupción dentro del PAN. No tiene las armas para ello. Así como ha fracasado y fracasará el Sistema Nacional Anticorrupción, así habrá de fracasar el intento del PAN encomendado a Bravo Mena.

La razón es muy simple: la corrupción es un delito que debe combatirse en las instituciones de justicia del Estado que, lo estamos viendo, no sirven para nada. La solución a los problemas de corrupción en el PAN no está dentro del partido; sino en la reinvención de las debilitadas instituciones del Estado mexicano, diseñadas para el autoritarismo y frente a las cuales los gobiernos emanados del PAN nada pudieron hacer.

¿Con qué argumentos se descalifica a un aspirante, cuando no se es autoridad para procesar o juzgar el delito de corrupción? El juicio es tan complejo que, en los países con democracias maduras, se deja a la sociedad, mediante votaciones abiertas, incluso para definir candidaturas de partido. Vemos ese escrutinio tanto en Europa, como en Estados Unidos, elección tras elección.

Preguntémonos: ¿Cómo definirán que una persona o agrupación es o no corrupta?, ¿dispondrán de algún método y equipo de investigación criminal para asegurarse de que el señalado es corrupto?, ¿cómo cuidarán la presunción de inocencia, para que no se cometan injusticias culpando a un inocente?, ¿tendrá reglas y procedimientos el juzgador?, ¿el inculpado tendrá derecho a defensa

Seguramente lo saben, por ello puedo asegurar que la medida es demagogia pura. Por ello mi sorpresa al enterarme que una persona tan honorable como Luis Felipe Bravo Mena aceptó la encomienda.

De un lado. Bravo Mena encabeza la lucha anticorrupción en el PAN; del otro, el autoritario gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, encabeza las negociaciones políticas del PAN. Semejante contradicción, ¿burla, ironía?, en realidad: demagogia pura.

Se les acabó el mitote

Los dirigentes de la Sección 22 de la CNTE tienen atrofiados los reflejos políticos. Reaccionan como si estuviéramos en el 2014 cuando todavía eran juez y parte; patronos y empleadores de la educación en Oaxaca.

Cuando su voluntad era ley. Eso ya valió, como dicen los chavos. Una vez que el gobierno decidió recuperar el Instituto Estatal de Educación Pública las reglas del juego cambiaron, de hecho ya se juega a otra cosa. Parece que nadie les avisó a los dirigentes de la coordinadora. Claro que siguen teniendo poder, capacidad para hacerle la vida imposible a los ciudadanos.

Claro que siguen teniendo aliados entre los grupos armados que operan en la zona, pero cuando perdieron el manejo de la nómina, la noche se les vino encima. Claro que hicieron sus ahorros, y varios de ellos tenían cientos de miles de pesos guardados en su casa. Pero sin dinero fresco son un cero a la izquierda.

Ese es el meollo del asunto: el manejo de la nómina, del presupuesto. Esa decisión le permitió al gobierno pasar a la vanguardia, tomar la iniciativa. Si el nuevo secretario de Educación, Aurelio Nuño, de verdad les descuenta a los maestros los días que falten a trabajar sin causa justificada, se podría transformar, en poco tiempo, en héroe nacional.

La 22 no bajará los brazos, pues ya no tienen nada que perder. Dará patadas de ahogado que como cualquier salvavidas sabe son muy peligrosas. El gobierno los tiene contra las cuerdas. ¿Lograrán salir del acoso y evitar que los tiren a la lona?

No les importa el país

El premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, opina que el gobierno debe exigir un Acuerdo de Asociación Transpacífico (ATP por sus siglas en inglés) que beneficie a los mexicanos. Añade que Ildefonso Guajardo Villarreal, secretario de Economía del presidente Enrique Peña Nieto, se está apresurando para viajar a Atlanta con la esperanza de finalizar un nuevo acuerdo económico internacional.

Es enfático al señalar: “A partir de la experiencia pasada con acuerdos comerciales liderados por Estados Unidos, y (ojo) lo que hemos podido deducir de documentos filtrados de debates de carácter confidencial, es claro que las esperanzas del presidente Peña Nieto se encuentran fuera de lugar”.

 “Los negociadores de México parece estar a punto de rendirse ante las demandas de las empresas de los países avanzados, sin beneficios para su país”.

México está pagando un precio muy elevado por muy poca cosa a cambio, México ya cuenta con el TLCAN Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. Actualmente el 62.5 por ciento de autos y partes debe provenir de un miembro del TLCAN.

Con la firma del TPP a ciegas de “las reglas de origen”, un acuerdo tentativo entre EU y Japón bajaría para México un 45 por ciento para vehículos y 30 por ciento para las partes, con el consecuente desplome de la economía y pérdida de empleos.

En otras palabras, continúa explicando Joseph E. Stiglitz, el TPP abrirá los mercados a productores extranjeros -como China- que no necesitan seguir las reglas y obligaciones del TPP ni brindar una apertura de comercio recíproco.

El representante comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) confeccionó un pacto comercial en el cual China y Japón (que ni siguiera son parte de acuerdo), son los ganadores.

Stiglitz concluye diciendo que si el presidente Peña desea hacer lo correcto por el pueblo mexicano, instruirá al secretario Ildefonso Guajardo Villarreal para que rechace un acuerdo que dejará el futuro económico de México en manos de inversionistas multinacionales.

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