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Así las cosas en México

 

Opinión-colorErick Zúñiga

El dólar se ha apreciado en todo el mundo. En México se cotiza a más de 18 pesos. ¿Por qué? ¿Por China, por Estados Unidos, o por el precio del petróleo? ¿Tendrá efectos en nuestros precios, en nuestras exportaciones y en la balanza de pagos? Vayamos por partes.

¿China es una de las causas? Sí, en parte. La menor rentabilidad en muchas empresas en China, por incrementos en costos de producción y de mano de obra, provocó una búsqueda de mejor rentabilidad en otros países y salieron capitales, sus reservas internacionales bajaron más de 600 mil millones de dólares en un año. El menor crecimiento previsto implica que su demanda por materias primas se reducirá y, dado el tamaño de China, bajarán más los precios de éstas en todo el mundo, incluido el petróleo. Y a México, que ya no es un país exportador de materias primas, porque sólo representan el 10% de sus exportaciones totales —incluido el petróleo—, todavía se le percibe, equivocadamente, como exportador de petróleo. Hoy, paradójicamente, es lo contrario, es importador. El menor precio del petróleo ya no nos perjudica, al contrario, nos beneficia. Los especuladores no lo ven y aún no diferencian a México del resto de los países exportadores de materias primas y de petróleo.

Entonces el petróleo, ¿es o no una causa? Sí influyó. Pero por esa percepción equivocada, no actualizada, tanto de los inversionistas extranjeros como de nosotros mismos.

México ya no es exportador neto de petrolíferos. Aclaremos, el precio del petróleo afecta los ingresos de Pemex, es cierto, pero no al país. Pemex tiene un problema diferente, y requiere una solución diferente. Pero México no es Pemex. En México ya importamos más petrolíferos de los que exportamos; gasolina sobre todo. Es decir, ya somos un país importador, no exportador. Y a los países importadores les conviene que el precio del petróleo esté bajo, lo más bajo posible, porque gastan menos. Por paradójico que parezca esa es hoy la realidad de México, ya no es malo para el país que se abaraten el petróleo y la gasolina en el mundo, al contrario, nos cuesta menos y hoy por hoy, nos beneficia. Esa es la paradoja de hoy, si el precio del crudo sube nos va peor, gastaríamos más de lo que ganaríamos. Es el resultado de no haber mantenido una plataforma de producción y una refinación eficiente. Ahora somos un país importador neto de hidrocarburos. Esperemos que no suba el precio del petróleo. Cuando los inversionistas extranjeros lo entiendan no saldrán de México, sino que invertirán más y nuestro peso se apreciará.

¿Y Estados Unidos, es causa? En parte. Su pronunciada creación de empleos, por temor a un incremento en precios, también los llevó a incrementar su tasa de interés. Así el Banco de México tuvo que subir la tasa en el mismo monto, para que no resultara más atractivo salir de nuestro país. Pero la especulación, a pesar de eso, llevó a una demanda por dólares e influyó en el incremento de su precio.

Con el dólar encarecido, ¿subirán los precios en México? De algunas mercancías importadas sí, pero como hay productos que están bajando de precio, la electricidad, la gasolina y varios agropecuarios, en promedio se afectará poco el índice general de precios. Y sí, debe mejorar nuestro turismo, nuestras exportaciones en general y la balanza de pagos deberá reducir el alto déficit de 3% que resultó para 2015.

Mientras la producción de petróleo no se recupere, para que se puedan exportar más petrolíferos que los que importamos, situación que puede durar varios años, hay que cambiar la percepción sobre México. Concebido correctamente, como importador neto, se entenderá que también tiene el beneficio del menor precio del petróleo, al igual que muchos países que ven en este menor precio una oportunidad para crecer y que, además, como a nosotros, les beneficia en su balanza de pagos. El dólar podría bajar.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Todo bajo control

Ioan Grillo, multicitado autor de un libro sobre el narcotráfico, escribió un artículo este domingo en la sección dominical de opinión en The New York Times, sobre “la nueva sangre en la política en México”, donde dijo que el narcotráfico y las bandas criminales han adoptado una nueva estrategia. En lugar de sobornar alcaldes, apuntó, hacen que los alcaldes les paguen. “La política no es sólo una forma de ayudar su negocio criminal”, enfatizó, “es un negocio en sí mismo”. Grillo dijo que los criminales han tomado el control de los alcaldes, “transformándose en un ominoso poder en las sombras, utilizando las llaves del Estado para afectar a cualquiera que vive o trabaja dentro de su jurisdicción”. El autor lo dice bien, pero extemporáneamente. El problema se había ido controlando, pero renació con mayor vigor en la primera mitad del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

Desde el primer lustro de este siglo, un alto número de alcaldías y poblaciones en varios estados estaban bajo el dominio del narcotráfico. No había Estado, ni autoridades en sus diferentes niveles de gobierno. Los narcotraficantes, a través de sus legiones de sicarios, controlaban a los políticos locales y afectaban la vida de quienes vivían o trabajaban en esas jurisdicciones. Las ciudades fronterizas en Tamaulipas y Chihuahua, además de ciudades como Acapulco, fueron las primeras en sucumbir. Otras fueron cayendo como dominó hacia el sur. En 2005, la incapacidad del gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel, por frenar la tendencia, lo forzó a pedir al presidente Vicente Fox que el gobierno federal interviniera. Fox lo ignoró, pero su sucesor, Felipe Calderón, inició la guerra contra el narcotráfico.

Cuando inició “la guerra contra las drogas” con el operativo en Guerrero, Michoacán y Tamaulipas, más de 80 municipios estaban en manos del narcotráfico, donde controlaban la política, la policía y la obra pública. Grillo escribió este domingo que la evolución criminal en México provocó que el crimen organizado se desdoblara en otro tipo de delitos, como secuestros, extorsiones, trata y piratería. En realidad, la mudanza de delitos federales y delitos del fuero común se dio durante la guerra de Calderón contra el narcotráfico, donde al golpearle sus redes de distribución y comercialización se quedaron sin dinero para nóminas, por lo que sus matones incursionaron en otros delitos. Los secuestros exprés estallaron en Tijuana; Los Zetas, independizados del Cártel del Golfo, se volcaron a la extorsión y al tráfico humano; y el Cártel del Pacífico se concentró en las metanfetaminas y La Familia Michoacana en la minería.

La estrategia de Calderón no previó las externalidades de este desdoblamiento, en particular la violencia, que tocó su máximo en abril de 2011 y que, conforme al plan de acción, empezaría a bajar en 2017. Pero para esto se requería que la estrategia de confrontación con los criminales en todos los campos, se mantuviera en los mismos términos. El gobierno de Peña Nieto cambió la estrategia. Bajo la lógica de que la violencia era resultado del combate a criminales, en los ocho primeros meses de la administración, dejó de combatir a los cárteles y las bandas criminales. Como era de esperarse, fue un fracaso. El gobierno peñista cambió la estrategia y regresó a la de Calderón, pero las consecuencias de aquella decisión equívoca se están viviendo.

Los grupos criminales se están apoderando de todos los procesos en los municipios, y promoviendo sus candidatos, sin mucha resistencia del gobierno federal o de las instituciones políticas y electorales. En Guerrero y Morelos hay pruebas de ex alcaldes y ex diputados locales vinculados al narcotráfico contra los que no se ha ejercido acción alguna. Varios estados que irán a elecciones para gobernador este año, tiene como pre candidatos a políticos investigados en el pasado por presuntos vínculos con el narcotráfico. Es cierto que el crimen organizado ha recuperado el ritmo de su avance, como también que la poca resistencia que han enfrentado de las instituciones, se los ha permitido.

Se tiene que recuperar el dinero

Cuando el gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto había sumado puntos en la percepción periodística – sobre todo internacional – con la captura de “El Chapo” Guzmán, volvió a tener un revés en el tema que se convierte cada vez más en su talón de Aquiles: la corrupción e impunidad.

Esta vez fue la detención en España de Humberto Moreira, amigo del presidente Peña Nieto, acusado de desvío de recursos públicos del estado de Coahuila hacia cuentas de empresas fantasma. Todo el proceso surgió previo a las elecciones presidenciales del 2012, fue necesario que dejara la presidencia nacional del PRI y se refugiara en España, mientras en México se hacía la investigación pertinente. Que no llevó a ninguna sanción.

Tuvieron que ser las autoridades de Estados Unidos y después España, quienes retomaran el caso con un proceso apegado a la ley y responsable, desnudando de nueva cuenta la impartición de justicia en México y enfatizando la corrupción de este sexenio. Más allá de la continuación del proceso de Humberto Moreira y de los posibles nuevos implicados. El suceso deja dos reflexiones que se deben realizar.

El tema de la transparencia, rendición de cuentas y anticorrupción es lo que estará marcando la agenda política y social en los próximos años, exigiendo a los partidos políticos, gobernantes y legisladores un mayor énfasis no sólo en transparentar la información, también en sancionar los abusos. Peña Nieto maneja el discurso en torno a la transparencia pero no de las sanciones, eso genera la gran impunidad en la que se desenvuelve su gobierno. Es necesario que la sociedad siga empujando el tema para ir obligando a las dependencias a ponerse a la altura que, se supone, deberían estar.

La segunda reflexión va en camino no sólo a buscar culpables e intentar sancionar únicamente a las personas. La cuestión del caso de Coahuila, como los demás de desviación de fondos públicos hacia particulares, tiene que ver con el endeudamiento que provocan estos personajes a las arcas públicas. No es solamente castigar al culpable (necesario, no suficiente), se deben rastrear los fondos malversados y recuperarlos para retornarlos a los ingresos del estado.

Remoras

La visita del papa Francisco a nuestro país no sólo ha comenzado a movilizar a la grey católica, varias empresas se han sumado a la organización de un evento que atraerá la atención de creyentes y no piadosos.

Como es público, Jorge Mario Bergoglio estará en México del 12 al 17 de febrero próximos, y si bien su arribo se dará en el avión A330-200 de Alitalia que utiliza el Sumo Pontífice en sus viajes internacionales, le comento que el traslado del prelado estará a cargo de Aeromexico, la aerolínea que comanda Andrés Conesa Labastida.

El papa Francisco tendrá estancias en el estado de México, Chiapas, Michoacán y Chihuahua, pero siempre pernoctará en la ciudad de México, de ahí la importancia de los vuelos que hará la aerolínea del caballero águila.

En la parte de los traslados terrestres los vehículos que transportarán al Papa, y a buena parte de los obispos, serán aportados por FCA, la automotriz que comanda aquí Bruno Carttori y que tiene entre sus marcas a Fiat, Chrysler y Dodge.

Debido a que se espera la asistencia de más de un millón de católicos a las misas y eventos públicos del obispo de Roma, las pantallas y equipo de sonido para esas grandes concentraciones serán aportadas por Banorte, el banco que comanda Carlos Hank Gonzálezy que sin duda también tendrá una gran exposición.

Y bueno, como ya es tradición en las visitas papales, Televisa de Emilio Azcárraga Jean y TV Azteca de Ricardo Benjamín Salinas Pliego realizarán transmisiones especiales de una visita donde el jerarca católico podrá tener una visión de los distintos rostros de México.

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