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¿Anticipados o ambición?

Opinión-colorErick Zúñiga

Más tardaron en concluir las elecciones intermedias de este año, que en arrancar la sucesión presidencial de 2018. Los prematuros destapes y auto destapes están a la orden del día. Lo queramos o no, ya estamos inmersos en este proceso de la sucesión adelantada y, a partir de ahora, el discurso y la agenda de la clase política será eminentemente presidencial.

Los resultados de las elecciones dejaron una radiografía del momento político por el que atraviesa el país; el ideal sería que más que pensar en el largo plazo —o únicamente en ello—, los partidos políticos, en general, y la clase política, en particular, se preocuparan y ocuparan, en el corto plazo, en cómo recuperar la confianza de los ciudadanos, cómo fortalecer nuestro sistema democrático, cómo garantizar una mejor calidad de vida para todos los mexicanos.

La sucesión adelantada (que ha sido tendencia después de que Vicente Fox hiciera su destape en 1997, tres años antes de la contienda presidencial del 2000), se da en buena medida cuando hay debilidades, ausencia política, desconfianza social, fallas o vacío de poder en el gobierno. Situación que aprovechan todos aquellos que quieren buscar ser candidatos presidenciales.

Lo ideal sería esperar los tiempos electorales del 2018 y respetar los estatutos partidistas para la selección de candidatos, pero no, los destapados solo ven que está en juego su futuro y actúan en consecuencia. En esa dinámica ya se encuentran el PRI, PAN, PRD, Morena y los que buscan ser candidatos independientes.

Andrés Manuel López Obrador empezó su campaña para la elección presidencial del 2018 desde que decidió crear su propio partido político: Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Una vez que lo logró, y ya con recursos públicos, siguió en la promoción de su imagen y de su proyecto. Se erige como el ‘anti-héroe’ que lucha contra el sistema y los poderes fácticos; el profeta que vende la idea de que todo está mal y él es el único que puede salvar al país.

Al PRD le cambió la historia luego del descalabro político de las pasadas elecciones, donde fue desbancado por Morena como primera fuerza política en el Distrito Federal. Antes del proceso electoral, la dirigencia del sol azteca había destapado a Miguel Ángel Mancera como su candidato presidencial; pero con los magros resultados, el actual Jefe de Gobierno perdió la oportunidad y la fuerza para ser un serio contendiente por la presidencia, aunque él diga que si la gente lo pide, buscará la candidatura independiente.

El dilema al que se enfrentará el PRD no solo será elegir a su candidato presidencial —ya que no cuenta con liderazgos ni candidatos visibles—, también tendrá el desafío de ver si logra o no un acuerdo con AMLO para ir juntos, como izquierdas, en la contienda, o buscar a un buen candidato que les ayude a conservar el registro.

En el PRI la sucesión adelantada está incontenible. En la lista de los presidenciables del tricolor aparecen: Miguel Ángel Osorio Chong, Luis Videgaray, Manlio Fabio Beltrones, Eruviel Ávila, entre otros.

Lo más reciente fue el auto destape de Margarita Zavala. A su favor pueden estar los principios y la honestidad, pero tiene en contra a la dirigencia nacional del PAN y los saldos negativos el sexenio de su esposo, Felipe Calderón. Ello sin contar las aspiraciones personales de Gustavo Madero y del actual gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle.

En esta lucha por el poder, sólo los ciudadanos tienen la fuerza para demandar a los políticos resultados, antes de concentrarse exclusivamente en su anhelo de ser presidenciables.

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