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Anhelando aceptación

 

Opinión-colorErick Zúñiga

Faltan más de dos años para las elecciones presidenciales de 2018 y ya hay por lo menos tres encuestas públicas que presentan las primeras fotografías —aún borrosas y alejadas— de lo que será la carrera rumbo a Los Pinos. Dos años parece mucho tiempo, pero hay que recordar que los tres últimos presidentes de la República se hicieron notar desde mucho antes del proceso electoral, como parte de la estrategia que los llevó al triunfo.

Buena parte de la intención de las encuestas ha sido bordar sobre las probabilidades de los posibles aspirantes del PRI y el PAN, en el entendido —en casi todos los casos— de que tanto el PRD como Morena tienen predeterminado su candidato.

Los datos, por ahora, favorecen a los personajes más conocidos por la población. El índice de conocimiento tiene, en estos momentos, más relevancia que el índice de aceptación. Esto abona para poner adelante en la carrera a los personajes más reconocidos por la población.

La primera toma general, pensando en los partidos, nos muestra al PRI ligeramente adelante del PAN, con el PRD y Morena peleando el tercer lugar. Pero también nos muestra que la mayor parte de los ciudadanos no se identifica con partido alguno: en otras palabras, que el mercado electoral está claramente abierto. Conociendo las tendencias de la población independiente, eso también significa que la ventaja priista está prácticamente erosionada.

Esa toma general cambia cuando, en vez de los partidos, aparecen personajes.

Pasando a la definición de candidatos por partido, en el caso del PRI, queda claro que la Secretaría de Gobernación sigue siendo estelar en el gabinete, y también que Miguel Ángel Osorio Chong ha superado el bache político de 2015. Quien le sigue en el índice de conocimiento, Luis Videgaray, ha tenido que bailar con la más fea en esta coyuntura: el anuncio de ajustes y recortes no suele ser popular.

Por lo demás, el tricolor presenta una baraja variada de aspirantes posibles, las diferencias de resultados en los simulacros de elección entre un candidato y otro suelen estar dentro del margen de error, y la mayor parte de los mencionados tienen índices de aceptación razonables, lo que les permitiría ser competitivos en la medida en que sean más conocidos.

En el PAN, ya destaca la presencia de Margarita Zavala. El precoz anuncio de sus intenciones de contender por la Presidencia la ha puesto por delante entre los panistas. Fue la misma estrategia ganadora de su esposo, hace 12 años. Zavala tiene buena imagen personal y ese activo supera al pasivo que representa su cónyuge, sobre todo entre la población no panista.

Ricardo Anaya ha hecho de todo para posicionarse en la opinión pública. Sobre todo aparecer en spots de radio y televisión. En decenas de miles. Eso le ha servido para ponerse adelante de Rafael Moreno Valle, pero no por mucho. En el PRD, todas las cartas apuntan a Miguel Ángel Mancera y Morena, todos los sabemos, más que un partido político, es el vehículo para las aspiraciones de Andrés Manuel López Obrador.

Todas las encuestas han incluido entre las posibilidades a un candidato independiente. Éste suele ser el gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, El Bronco. Supongo que porque ya ganó una vez, pero sería políticamente problemático para él que dejara la gubernatura a menos de la mitad del camino, en aras de lanzarse a la Grande.

Ya con candidatos, las diferentes encuestas pintan de entrada un escenario muy competido entre tres: Andrés Manuel, el candidato del PRI (Osorio, con los mejores números) y Margarita Zavala. Mancera les sigue a distancia y muy lejos está el candidato independiente. Lo que no explicitan las encuestas es, reiteramos, que hay una correlación muy fuerte entre índice de conocimiento e intención de voto. ¿Qué significa eso? Que la gente tiende a votar por quien conoce, y eso en la práctica disminuye el número de opciones.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Hace falta humildad

Empieza a agobiar el tiempo, el presente empieza a marcar el origen de la decepción y el final de la conciliación. Comienzan a observarse pinceladas que enjuician la representación gráfica de un país, trazos que terminan por desdibujar la razón condenando la reflexión.

En silencio, se extorsiona la tranquilidad, se erosiona la libertad de aquellos que subsisten en territorios dominados por la perversidad, sin empleo, sin expectativas de crecimiento, sin sentimiento de pertenencia, sin identidad. A discreción, se aniquilan generaciones, se vulneran voluntades; se corrompen garantías, se sobornan las ideologías, se condicionan las sonrisas de una sociedad incomunicada con su autoridad.

Sobran acusaciones, sobran ejecuciones, sobran miradas de complicidad y faltan actitudes de corresponsabilidad. Frente a la tragedia, preferimos el hábito de la confrontación y nos olvidamos de los elementos de cohesión que exige nuestra realidad.

Jugamos con la política porque perdemos la lógica de la planeación, aquella que permite capacidad de respuesta, resultado de procesos exactos y controlados en donde los métodos son los adecuados. La política no se ejerce bajo la premisa de la improvisación, confiando en la eficiencia superficial, que todo parezca normal para que nada resulte disfuncional. Reflejar una política de calidad, que se aleje de los perversos incentivos antidemocráticos, es la principal arma en contra de la delincuencia.

La violencia no sólo se determina por el nivel de inseguridad, también describe la condición de desigualdad, narra la rendición de aquellos que fueron víctimas de la degradación en el tejido social y se convirtieron en provocadores del miedo y secuestradores de la libertad.

La legitimidad no sólo se presume, también se ejerce, se construye a base de eficiencia en la aplicación de las leyes vigentes, se fortalece por la confianza que transmite y se consolida por la dignidad con que se aplica. El Estado mexicano no puede carecer de sentido común, no puede padecer de cansancio y dejar que la costumbre haga de la excepción la regla general.

El fracaso institucional absuelve a los delincuentes, envuelve la pobreza para lucrar con ella, disuelve cualquier oportunidad de progreso generacional, advirtiendo un futuro incierto que se ve limitado ante las constantes fallas estructurales que nunca fueron atendidas. Hemos consentido la burla, la intriga de poderes fácticos. Sin saberlo, hemos permitido que el crimen organizado sea el mensajero de nuestras debilidades como representantes; sin pensarlo, hemos sacrificado el resultado colectivo por el reconocimiento personal; sin comprenderlo, hemos condicionado las causas para entretenemos en las urgencias.

La política mexicana no puede ser reflejo de la inoperancia, no puede exigir pluralidad si la oposición no es responsable y vigilante, no puede transmitir una posible solución si su método es la exclusión de la complejidad social. El tiempo no es un recurso, el consuelo no está en la rutina, el alivio no se logra en razón de la costumbre. Hacen falta momentos de certidumbre, ejemplos de fortaleza institucional y no de ambigüedad estructural en beneficio de un proyecto personal.

A la desnutrición no le interesa la contienda electoral, a la pobreza no le interesan las alianzas, los pactos. La desigualdad no entiende de spots y la discriminación no se elimina por decreto. No se puede combatir la extorsión si en el terreno político hay quienes lo utilizan como método para suscribir preferencias electorales; no se puede erradicar la drogadicción si somos incapaces de proveer formación y educación a las nuevas generaciones. No podemos pintar paisajes de justicia sobre lienzos de perversidad. En silencio, se alimenta el rencor, se incrementa la resignación. El sistema político empezará a respirar con dificultad si no reconocemos lo que nos mantiene. Ahora ya no basta con aparentar o aconsejar, tendremos que empezar a gobernar con humildad para transformar actitudes e inspirar conductas de bien.

No son falsas alarmas

El doctor Edward Lorenz, fue un matemático y meteorólogo del Instituto Tecnológico de Massachusetts que durante toda su vida, intentó explicar por qué es tan difícil hacer buenos pronósticos del tiempo. Lorenz fue el primero en construir un modelo matemático del tiempo, es decir, un conjunto de ecuaciones diferenciales que representan los cambios de temperatura, presión, velocidad del viento, etc.

Pero también fue el propio Dr. Lorenz quien reconoció lo que ahora se denomina comportamiento caótico en los modelos matemáticos de los sistemas meteorológicos, la conclusión de que es imposible predecir el tiempo más allá de dos o tres semanas con un grado razonable de precisión. A principios de 1960, se dio cuenta de que las pequeñas diferencias en un sistema dinámico como la atmósfera, podrían desencadenar enormes e insospechados resultados.

Sus ideas marcaron el inicio de un nuevo campo de estudio que impactó no solo las matemáticas, sino todas las ramas de la ciencia, era “La teoría del caos”, también conocida como la ciencia de la no linealidad, la ciencia de la complejidad, la ciencia de la conducta recurrente al azar o la ciencia de la turbulencia y la discordia. La tercera gran revolución científica del siglo 20, junto con la Relatividad y la Física Cuántica.

Sus observaciones le llevaron a formular lo que se conoció como “El efecto mariposa”, un término que surgió de un documento académico que presentó en 1972 titulado: “La previsibilidad: ¿El aleteo de las alas de una mariposa en Brasil puede provocar un tornado en Texas?”.

El efecto mariposa, es un término utilizado en la teoría del caos para describir cómo pequeñas variaciones pueden afectar a los sistemas complejos, como los patrones climáticos y sugería que los movimientos de las alas de una mariposa, pueden tener repercusiones significativas en la fuerza y los movimientos del viento a través de los sistemas meteorológicos del planeta, y, en teoría, podría causar tornados en otro lado del mundo.

Lo que el efecto mariposa parece plantear, es que la predicción del comportamiento de cualquier sistema de gran tamaño es prácticamente imposible a menos que se pudiera tener en cuenta todos diminutos factores que podrían tener un efecto en él.

Una amenaza real

Lo comento porque a principios de marzo, el termómetro de mi casa marcaba 29 grados Celsius y al día siguiente tuvimos que sacar de nuevo chamarras y calentadores pues la temperatura se desplomó. En todo el País, al menos cuatro personas murieron como resultado de la inesperada tormenta invernal que provocó bajas temperaturas, vientos muy fuertes y lluvia, que desafortunadamente suscitaron accidentes que terminaron dañando el patrimonio o la salud de algunas personas.

Se trata del cambio climático o del caos climático, como lo prefiera usted llamar, una amenaza que trae consigo el crecimiento de los mares y la extinción de numerosas especies. Para regiones como la nuestra, significa enfrentar el aumento del riesgo y la severidad de ciertas clases de condiciones climáticas extremas como pueden ser olas de calor, inundaciones, sequías y nevadas. No es como algunos dicen, el intento de los científicos para crear falsas alarmas para engañar al público. No, el caos climático es latente y hoy mismo no sabemos si el aleteo de una mariposa en Singapur pudiera causar una ola de calor las costas de Oaxaca.

Así que en medio de este caos, en esta alucinante sensibilidad a las fluctuaciones, el cambio climático ya no puede ser visto como una amenaza lejana que pueda interrumpir o afectar la vida de nuestros nietos. No, el cambio climático toca todos los días a nuestra puerta con olas de calor y nevadas, todo durante la misma semana.

Estamos hablando del mayor desafío de nosotros como humanidad y si tan solo un aleteo de mariposa puede cambiar el curso del clima, hoy que somos 7 mil 350 millones de seres humanos y todos demandamos todo al mismo tiempo, imagine el poder que tenemos para cambiar las cosas para bien o para mal.

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