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Altamente desaprobado

OpiniónErick Zúñiga 

Como dicen algunos spots de gobierno: “nunca antes en la historia” un presidente de México había registrado porcentajes de desaprobación tan altos como los que obtiene Enrique Peña Nieto a la mitad de su maratón sexenal. Vicente Fox y Felipe Calderón nunca registraron números superiores de desaprobación a los de aprobación, sin embargo, en las pasadas elecciones el partido que encabeza el gobierno federal obtuvo la mayoría en la Cámara de Diputados. Además, no se pueden negar los alcances positivos de algunas reformas del Pacto por México. Habría que poner también en la balanza los escándalos con los que se ha relacionado a su gobierno y el estilo personal de comunicar del presidente Peña. Pero mejor vamos por partes:

Estilo personal de comunicar. Hay una idea bastante obvia: si los presidentes tienen un estilo personal de gobernar, también tienen un estilo personal de comunicar. Decía don Daniel Cosío Villegas que cada presidente ha tenido un estilo personal en sus funciones. Tienen un poder inmenso, por lo que es inevitable que lo ejerzan de manera personal, más que institucional. O sea que resulta fatal que la persona del Presidente dé a su gobierno su sello peculiar, hasta inconfundible. Es decir, que el temperamento, el carácter, las simpatías y las diferencias; la educación y la experiencia personales influirán de un modo claro en toda su vida pública y, por tanto, en sus actos de gobierno.

Comunicación política de EPN. El 8 de mayo de 2013, durante el foro “Comunicación gubernamental a debate”, que tuvo lugar en el piso 57 de la Torre Mayor y contó con la participación de algunos de los responsables de las oficinas de Comunicación Social de la Presidencia de la República, desde el sexenio de Luis Echeverría hasta la actual administración, el periodista Roberto Calleja, en ese momento director de Información de la oficina de comunicación social y actualmente coordinador de esa área, adelantó que la comunicación gubernamental se caracterizaría por comunicar con rapidez y credibilidad; y liderar la comunicación en Twitter. Con toda razón en las palabras —aunque no en los hechos— subrayaba que la sociedad ya no es un ente pasivo, sino uno que exige, cuestiona, verifica datos, por lo que auguraba que debían citarse fuentes confiables para que los ciudadanos pudieran corroborar lo que se les dice. Y concluyó subrayando: “estamos en el ruedo con el objetivo de hacer la mejor faena”. Tal vez estos cuestionamientos se muestran en los resultados de algunas encuestas.

Opinión pública. De acuerdo con Parametría, de noviembre de 2014 a la fecha —con excepción de abril de 2015— el Presidente ha registrado un mayor porcentaje de ciudadanos que dicen desaprobar su labor que quienes afirman lo contrario. Eventos como la desaparición de estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa (sep. 2014), el escándalo de supuesta corrupción de la “Casa Blanca” (nov. 2014), la fuga del “Chapo” Guzmán (jul. 15) y las expectativas de crecimiento económico inalcanzadas son algunos de los eventos que podrían explicar estos datos.

Economía y seguridad son, sin duda, dos de los temas más importantes para explicar estos números. Siete de cada diez mexicanos perciben que la situación económica del país ha empeorado en los últimos 12 meses y sólo ocho de cada 100 consideran que hubo una mejoría en este ámbito. A pesar de que México no ha tenido problemas económicos mayores recientemente y el desempleo continúa a la baja, la percepción de los mexicanos es diferente.

El presidente Peña ha recorrido 21 km del maratón sexenal. Los mexicanos perciben pocos resultados hasta hoy. Por otra parte, en la política mexicana lo más importante de los tres últimos años de un sexenio presidencial es si se consigue mantener el gobierno federal. Hay varios competidores que reforzarán sus intentos por descarrilar al Ejecutivo; habrá diferentes obstáculos electorales antes de llegar a la meta. Ojalá que el cierre no se circunscriba a lo electoral, y que se traduzca en beneficios que sean claramente percibidos por los receptores.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

A la mitad

Esta semana se cumplieron los primeros tres años de la administración del presidente Enrique Peña Nieto.

Ha sido una primera mitad de sexenio que para muchos se ha dividido claramente en dos partes: la primera, relativamente exitosa, caracterizada por el aplauso local e internacional por logros como el Pacto por México, la aprobación de las reformas estructurales en el Congreso, la captura de “El Chapo” e incluso por el encarcelamiento de la lideresa sindical del magisterio, Elba Esther Gordillo; la segunda, bastante desastrosa, caracterizada por la sombra de la corrupción en las más altas esferas gubernamentales, la violación de los derechos humanos y las ejecuciones extrajudiciales en Tlatlaya, Tanhuato y Apatzingán, la fuga del “Chapo” y la incapacidad gubernamental para entender y reaccionar frente a la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa.

Estos dos periodos parecerían explicar el dramático cambio en los índices de aprobación del Presidente entre 2013 y 2015. Así, de acuerdo a la encuesta que realiza periódicamente esta casa editorial, la evaluación del Presidente pasó de una tasa de aprobación del 56% y una de reprobación del 29% en febrero de 2013 (es decir, un balance favorable de 27 puntos porcentuales) a una tasa de aprobación de sólo 35% y un rechazo de 57% (es decir, un balance negativo de 22 puntos porcentuales) para agosto de este año, el punto más bajo en la aprobación del desempeño del Presidente.

Sin embargo, es posible que en realidad no haya habido esas dos etapas en la administración actual sino que más bien se trate de una sola etapa, más larga, pero quizá más profunda y estructural. De hecho, incluso durante el relativamente exitoso 2013 ya se mostraban los primeros síntomas del principal problema de este gobierno: su notoria incapacidad para administrar y gobernar. Durante ese año el Presidente y su equipo confundieron legislar con gobernar. Pensaron que bastaba la magia de las reformas para que el país creciera y se olvidaron de administrar el país.

En otros frentes la situación no ha sido muy diferente. La estrategia de seguridad no ha sido muy diferente a la del gobierno anterior. Se supuso que dejando de hablar de seguridad, los problemas se arreglarían o al menos tenderían a desaparecer. Evidentemente esto no ha sido así. Aunque las primeras cifras parecían alentadoras, en realidad eran simplemente el reflejo de una tendencia iniciada en el gobierno anterior. En realidad, la inseguridad y la violencia continúan rampantes en muchas partes del país.

La fuga del “Chapo”, por otra parte, es un ejemplo más de la notoria inhabilidad de este gobierno. Considerada por el propio Peña Nieto como algo que sería “imperdonable”, resultó algo fácilmente olvidable y el encargado de velar por la permanencia del “Chapo” en prisión, el Secretario de Gobernación, sigue ocupando tranquilamente su silla, como si nada hubiera pasado.

De igual manera, la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa y las acusaciones de posibles actos de corrupción y de conflictos de interés, primero paralizaron y luego dieron lugar a comportamientos erráticos de parte de las autoridades, las que en ambos casos trataron de dar “carpetazo” a dichos asuntos mediante investigaciones ampliamente cuestionadas.

En suma, la relativa incapacidad de este gobierno para gobernar al país ha estado presente casi desde un principio. Por eso lo que uno observa en las encuestas de aprobación es una tendencia negativa constante y no un quiebre como el que esperaríamos observar si fuera cierta la idea de las dos etapas de este gobierno. Para la población, el desencanto con esta administración empezó casi desde un inicio.

 

Enmariguanados

De un tiempo a la fecha todo mundo habla de la mariguana. Cuando digo “todo mundo” no exagero, describo. Si no lo cree, consulte los titulares de los diarios de los últimos días, precisamente ayer leía el siguiente: Debate Nacional sobre Mariguana inicia en enero. Osorio Chong convoca a participar en 5 foros temáticos en varios. En la nota de marras se describe con detalle la mecánica a seguir en los debates que abren la posibilidad real de transitar de un régimen prohibicionista, como el actual, a uno que podría llamarse “regulador.

La idea de un debate sobre la mariguana prendió rápido porque hay una coincidencia, una visión del problema que mucha gente comparte: las cosas no pueden seguir como están. Es el peor de los mundos posibles.

Veamos: el consumo se expande, sobre todo entre los más jóvenes; los criminales se enriquecen con un esfuerzo mínimo; la policía se corrompe al grado de controlar el negocio en ciertas plazas; la violencia no cede; las cárceles de saturan de consumidores que ahí adentro se vuelven criminales; los gringos, a través de la DEA u otra agencia, se entrometen.

Si queremos que las cosas cambien hay que hacerlas de otra manera. Para eso, para abrirle paso a los cambios, es que se ha puesto en marcha un debate nacional. En el prólogo del debate se ha comenzado a aclarar el panorama con pronunciamientos de expertos.

Se ha dicho que la mariguana hace mucho menos daño que drogas como la heroína, la cocaína, los solventes, el alcohol e incluso el tabaco. Eso quedó dicho, pero también se ha establecido que los la mota no es inocua.

Es una droga y como tal tiene efectos nocivos, sobre todo si se llega a consumir en la adolescencia. También va quedando claro que es razonable trasladar la responsabilidad del consumo a los propios consumidores que ya sabrán qué meterse a su cuerpo.

Lo que me parece que sigue en una zona de penumbra es si la eventual legalización de la producción, comercio y consumo de la hierba abatirá los niveles de violencia que padece el país. Ese será el meollo del debate: ¿cómo convertir la liberación en mayor seguridad? No es justo alimentar expectativas de que así será. La mariguana libre no equivale a paz. Eso no. Hay muchas razones.

Destaca entre ellas que la masa delincuencial que hoy en día se dedica a su trasiego no volverá al redil institucional, seguirá en la delincuencia explorando nuevos delitos, como el cobro de derecho de piso, los secuestros, los robos. A diferencia de otros sitios donde la mariguana ya tiene el estatus de lúdica, en México hay una operación colosal de bandas del crimen organizado, que tienen control de rutas y plazas.

Tal vez dejen de ganar dinero con la venta de droga pero buscarán otras opciones de negocios sucios. Como quiera que sea es que ha quedado claro que el 2016 será el año de la mariguana. Se hablará mucho de ellos. Lo importante es tener elementos de juicio para tomar las mejores decisiones. Como sociedad no tenemos margen de error.

Patéticos

Los esfuerzos de los activistas de la CETEG para boicotear las evaluaciones magisteriales fueron patéticos.

Dan pena ajena los activistas desenchufando computadoras como si fueran los chamacos más burros del salón de clases.

Si en lugar de andar pensando disparates se pusieran a estudiar, sacarían las evaluaciones sin despeinarse, con la posibilidad de ganar más dinero para sus familias.

Pero no, su objetivo es hacer trampa. Ése es el mensaje que envían a la sociedad: tener beneficios sin esmerarse. Marchar y hacer plantones en lugar de abrir libros y machetearle.

Los implicados en el boicot perderán el empleo, es lo que procede. ¿Con qué cara verán a su familia y los que fueron sus alumnos?

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