Inicio / OPINIÓN / Águila o Sol

Águila o Sol

 

Opinión-colorErick Zuñiga

De: Prof. Monjardín

Consecuencias complejas

El concepto de infancia, no tiene por qué escapar a la predeterminación de la construcción social mediante la cual se pretender representarles.  Esa construcción puede ser simple pero de consecuencias complejas.¿La gente menuda es inocente? Es un atributo que solemos conferir con facilidad, pensando en que a las niñas y los niños no les caben la maldad ni el deseo sexual. Son puros y vulnerables.

¿Qué nos dice la capacidad de crueldad entre infantes que la televisión nos ha dejado ver últimamente, quitándonos el habla ante un fenómeno que no podemos soslayar más?  Dice Maurice Blanchot, que la desdicha de la respuesta está en la formulación de la pregunta misma. Nuestra desdicha se desvela. Pero Marx dice algo así como que ninguna sociedad se hace preguntas acerca de las cuales no sepa o sospeche las respuestas.

El proceso civilizatorio de la infancia, de suyo es ya, una contraposición a sus deseos. Su madre, su padre, su familia y su circunstancia toda, se dirigen a cada pequeña persona, administrándole el deseo. Nada sucede conforme a sus apetitos: ni la dedicación materna, ni nada. Y además, crecer y madurar, significa ir entendiendo el enigma de ser mujer o ser hombre, y serlo bajo los cánones hetero-patriarcales que confieren mandatos y juegos de poder entre los sexos, estigmatizando  a todo lo diverso.

Pero además, niños y niñas han venido a caer a este mundo roto, en el que la violencia es el texto que subyace a todos los órdenes de las relaciones en sociedad y es además un espectáculo que se crea y recrea como la atmósfera común y sin escapatoria. La hipótesis es que la inocencia infantil no corresponde a este tiempo del globo, de nuestro país, de sus calles, de sus familias, de sus escuelas y centros laborales. Toda posibilidad gregaria se atraviesa por la violencia. Y sobrevivirla implica precisamente la pérdida de toda inocencia.

La infancia nos imita: así aprende a hablar-representar y a conducirse, y la violencia es la expresión por excelencia. ¿Por qué no habrían de ser violentas las escuelas?, ¿dónde habrían podido aprender otro código?  Esa es la normalidad que prevalece en este resquebrajamiento generalizado que cultivamos. ¿Cuál es el proceso de maduración posible al grito de “sálvese el que pueda”? Somatización de todo dolor y angustia. Así puestas las cosas, la infancia tiene deseo y es cruel; ni por dónde puedan ser los seres inocentes por naturaleza de Rousseau.

Y además, están sujetos a un sistema educativo obsoleto que les atropella y les aburre y para el que lo más fácil es hablar de que no se concentran, de que son agresivos, hiperactivos o bien melancólicos o ausentes. Siempre un diagnóstico. La infancia en falta.

¿Alguien se ha detenido a pensar que lo que hace falta es escuchar a las niñas y a los niños? ¿Se tiene la disposición y la capacidad “institucional” para la escucha? Para una escucha que no implica encuestas, estudios ni terapia alguna de normalización, que sería la consumación del atropello y la nulificación ¿Dónde hay parámetros de alguna normalidad a la que pueda aspirarse? ¿Dónde están los arquetipos que les inviten a una humanidad del respeto? Todos a la ofensiva-defensiva porque entre sí prevalece el miedo: te temo pero quiero tu fuerza o porque no quiero tu debilidad.

Las quince medidas que propone la Secretaría de Educación Pública para atender el fenómeno evidenciado recientemente, son reactivas. No se ve en esa vaguedad lo que signifique “prevenir”; vigilar y castigar, en cambio sí.

Revisar tambien

Zedillo, ‘chapulín fifí’ que brincó a empresa vinculada a gobierno: López Obrador

Agencias/El Presidente pidió que se apruebe la ley de austeridad que impedirá a funcionarios trabajar ...