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Absurdos nacionales

Opinión-colorErick Zúñiga

Sabíamos que esta campaña electoral iba a estar caracterizada, ante la escasez de propuestas de los partidos, por una guerra de lodo de todos contra todos. Lo que no esperábamos es que uno de los blancos de esta guerra fuera el organizador y árbitro de las elecciones, el Instituto Nacional Electoral.

No puede entenderse de otra manera el espionaje político que sufrió el consejero presidente de ese instituto, Lorenzo Córdova. La intención evidente de quien filtró el audio de una conversación privada era más que personal: se trata de desprestigiar y de tender un velo de desconfianza sobre la institución ciudadana encargada de los comicios. Con ello, afectar la credibilidad del proceso mismo.

En síntesis, el fondo político del caso Córdova es pegarle al árbitro para que no haya partido o para que éste se juegue bajo la ley de la selva.

Por esa misma razón, es necesario que la PGR llegue hasta el fondo, tras la denuncia que hizo el INE. Sabiendo quiénes son los que intentaron quemar al Consejero Presidente, a través de la escucha ilegal de llamadas particulares, encontraremos a quienes intentan descarrilar el proceso electoral y democrático del país.

Se ha especulado mucho respecto a los posibles autores intelectuales del espionaje. Se ha hablado del PVEM, el partido más afectado por las decisiones del consejo del INE –que al día siguiente tenía la enésima discusión sobre multas-; el vocero del Verde señaló directamente al PAN, y del PRI salieron voces en las que el retrato hablado del culpable correspondía a Morena. La especulación llegó hasta el “fuego amigo”, lo que obligó a todos los consejeros del Instituto a frenarla en seco con un acto de apoyo general a Córdova.

Es imposible evitar las especulaciones, pero siempre hay que tomarlas como tales. De ahí que sea muy necesario acotarlas mediante una investigación profunda e imparcial.

Me parece significativo que la plática de mal gusto entre Córdova y un funcionario del Instituto haya sido lo único que hayan podido sacar quienes han de haberlo espiado por varias semanas. De entre todo lo que buscaron, eso fue lo más que pudieron encontrar. Excavaron mucho en pos de oro y se toparon con cuentas de vidrio.

Sin embargo, no faltaron quienes vieron lo adjetivo –los malos chistoretes de Córdova- y no vieron lo sustantivo –que había sido espiado con mala fe, que aquella era una conversación privada e incluso que se refería a un chantaje político del que fue víctima de parte del líder de la comunidad indígena-.

Entre estos, hay quienes se centraron en lo adjetivo por indignada convicción, pero son muchos más quienes lo hicieron por interés político. El interés de debilitar al árbitro para que no marque los fauls o para echarle la culpa luego de la derrota en la contienda electoral. Al debilitarlo, lo último que les interesa es la suerte de la democracia y de las instituciones ciudadanas.

Para colmo, como si el horno no estuviera para bollos, el Partido Verde Ecologista de México se lanza a una nueva propuesta de reforma constitucional en materia electoral, con el objetivo de abolir las limitaciones de propaganda por las que ha sido reiteradamente multado.

No se trata de una mera acción de cinismo político. No es simplemente: “recreen las condiciones para que nosotros podamos volver a hacer impunemente lo que esta vez nos ha costado en dinero y en prestigio social”.  Se trata también de servir a sus socios.

Como es sabido –por una minoría, desgraciadamente- dentro de la bancada del Verde hay un subgrupo, la llamada “telebancada”, que está compuesto por miembros muy cercanos a los grandes consorcios de la televisión. La redituable alianza entre el partido y las televisoras implica que ambos velan mutuamente por sus intereses.

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