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2015 visión latinoamericana

 

Opinión-colorErick Zúñiga

En el ocaso de 2015 vale la pena evaluar el año electoral en América Latina a la luz de lo que fueron, al inicio de los ochenta, las transiciones a la democracia. Al cumplirse 32 (Argentina), 30 (Brasil y Uruguay) y 29 (Guatemala) años del retorno de la democracia, conviene recordar algo del ánimo con el que se reimplantaron las democracias. La generación de Raúl Alfonsín, José Sarney, Julio María Sanguinetti y Vinicio Cerezo, parecía capaz de conjurar los demonios de la inestabilidad y que íbamos en ruta a construir mejores sociedades. No fue así.

No todo se perdió; Uruguay, por ejemplo, ha tenido una serie de gobiernos civiles que incluyó más recientemente a José Mujica, quien aportó la posibilidad de imaginar presidentes latinoamericanos humildes, sensatos, libres de corrupción y capaces de vivir de manera simple, alejados del boato y los excesos.

Tristemente, Uruguay ha sido la proverbial golondrina incapaz de traer una primavera. Ningún otro país de la región ha logrado entender las virtudes de la moderación de sus políticos y evitar excesos, retóricos o de otro tipo.

 Más bien, los últimos 20 años han sido la época de lo que la Brookings Institution, llama “la fiebre reeleccionista, que lamentablemente goza de muy buena salud y es una mala noticia para América Latina, caracterizada por la debilidad institucional, la personalización de la política, la crisis de los partidos y el híper presidencialismo”.

Gracias a los excesos de nuestros políticos, nuestras democracias son demasiado débiles, dependen de figuras que se eternizan en los cargos y de redes de incondicionales. Así ha sido con Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua. Y no es cierto que sean sólo las izquierdas.

Quien detonó la fiebre reeleccionista fue Carlos Saúl Menem cuando reformó la constitución en 1994 para permitir una reelección y luego, en 1998, cuando trató de establecer la reelección ilimitada, y Álvaro Uribe, muy de derechas, quiso seguir la misma ruta reeleccionista en Colombia.

La variante de la fiebre que incluye a los familiares de los “caudillos democráticos”, también se manifestó primero en Argentina: Cuando Néstor Kirchner buscó a su sucesor en 2007, no tuvo que ir más allá de su recámara. Su esposa Cristina Fernández le sucedió y ella misma se reeligió en 2011 y, como Menem, exploró la posibilidad de reelegirse de manera indefinida. Hay incluso quienes, como Sandra Torres, ex esposa de Álvaro Colom, expresidente de Guatemala, se divorciaron de sus maridos para ser candidatas a la presidencia.

Las elecciones de 2015 en América Latina renovaron la esperanza en algunos países. En Guatemala parece que fortalecen la reforma anti-corrupción. En Venezuela, luego de 16 años, la población decidió limitar a Nicolás Maduro, al entregar el Congreso a la oposición.

Algo parecido, aunque menos contundente, ocurrió luego de doce años de gobiernos de los Kirchner en Argentina, con la victoria de Mauricio Macri que enfrenta una situación muy difícil por los caprichos de la señora ex presidenta, quien en la agonía del poder retacó la nómina gubernamental con incondicionales, saboteó la ceremonia de traspaso del poder con actitudes propias de un culebrón e insinuó el retorno del peronismo violento e intolerante, que saboteó a Alfonsín y a Fernando de la Rúa.

En Brasil, Dilma Rousseff ganó su reelección, pero lo hizo gracias a una pirámide de corrupción que creó un socavón del tamaño de Maracaná en las finanzas del Estado. Como están las cosas, la señora presidenta podría serlo hasta 2018, pero lo será en condiciones de suma fragilidad. Ojalá que 2016 sea mejor.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Cuestión de significados

El nombramiento de Patricia Bugarín, actual coordinadora nacional contra el secuestro, puede marcar un gran viraje en la atención de este delito. Bugarín es y se entiende a sí misma como una policía (de investigación). Las andanzas burocráticas le atraen menos que hurgar en la escena de un crimen, discernir las rutas a seguir para recolectar evidencias y, finalmente, entender qué pasó y quién lo hizo.

Aunque no lo acepte públicamente, nunca se ha tragado las cuentitas absurdas con las que se da seguimiento mensualmente al delito de secuestro en nuestro país. Sin duda debe haber otros nombramientos semejantes, pero este en particular, por tratarse del crimen que atenta contra la libertad individual, resulta más que importante. Es también relevante porque Bugarín llega a una instancia gubernamental creada nebulosamente, pero que esta policía de investigación convertirá –cuando menos en este sexenio- en un centro operativo policial y no un bastión burocrático.

Entendería que esa fue la gran apuesta de Renato Sales al dejar a Bugarín al frente del cargo que él ocupó previamente. La Coordinación Nacional Antisecuestro (CNA), creada como un órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Gobernación, tiene atribuciones sobre temas importantes, aunque posee muy pocos dientes que mostrar a una instancia estatal o federal que se niegue a ser “coordinada”.

Revisemos una facultad, la primera, de la CNA en el decreto que la creó. Es un poema burocrático que se logra, casi siempre, cuando a un problema concreto se responde con un decretazo: “Promover, en coordinación con las autoridades federales, estatales y del Distrito Federal, la integración y funcionamiento de un sistema único de información criminal en una plataforma tecnológica e informática que propicie mayor efectividad de las acciones de prevención, investigación, sanción y erradicación del delito de secuestro por parte de dichas autoridades”, se lee en el Diario Oficial de la Federación del 1 de enero de 2014.

Recurramos al diccionario de la Real Academia Española tratando de aclararlo: Promover significa impulsar el desarrollo o la realización de algo. Coordinar es dirigir y concertar varios elementos. Así, lo que tuvo Sales y hoy tiene Bugarín es la atribución de “Impulsar el desarrollo o la realización de algo (la integración y funcionamiento de un sistema único de información criminal) en tanto une dos o más cosas (instancias seguridad pública y de procuración de justicia) de manera que formen una unidad o un conjunto armonioso”.

Resulta escalofriante (no es irónico, no es irrisorio, no es contradictorio; es escalofriante) que hoy en día no se pueda analizar el fenómeno del secuestro en México a partir de una recolección sistemática de la información de cada caso. No hay nada que inventar en torno a esto. El secuestro se divide en etapas generales en las que se incluyen el momento del rapto, el cautiverio, el momento de la negociación y otros más. El detalle de estas etapas brinda un conocimiento preciso del delito. Que la víctima denuncie o no es sólo una característica más del delito. El recuento de denuncias no es nada si las víctimas no están denunciando.

En México no hay una base de datos de secuestro. Es así de escalofriante. A los cambiantes modus operandi de los secuestradores, se responde con información procesada ridículamente en excelitos o tarjetillas informativas inconexas.

El secuestro está a la baja, se afirma a partir de datos de averiguaciones previas de las procuradurías estatales que nadie se toma el trabajo de verificar. Cuando INEGI presente nuevamente cálculos de victimización (la gente que dice haber sido víctima de un secuestro) el escándalo cíclico se desatará ante una cifra negra (casos sin denuncia) estratosférica. Pero el escándalo durará apenas unos días.

Propósitos anticipados

Antes de dar por terminado el período de sesiones, el Congreso de la Unión aceleró su ritmo y aprobó una serie de Iniciativas de Ley que pronostican cambios trascendentales para operar el próximo año. Las nuevas leyes siempre deben tener el propósito de mejorar la realidad del país aunque no todas lo logran.

Una de las reformas más significativas es la que se refiere a la transformación del Distrito Federal en la CIUDAD DE MÉXICO, la cual suena más a lograr fines políticos que a beneficiar a la sociedad. La capital tendrá su propia Constitución y las dieciséis delegaciones se convertirán en Alcaldías, cada una de las cuales estará integrada por diez Concejales que serán electos junto con los Alcaldes. La actual Asamblea Legislativa del DF pasa a ser Asamblea Constituyente y podrá avalar o rechazar los cambios constitucionales que se propongan. Esta reforma requerirá de la modificación de 54 artículos de la Carta Magna, cada una de las cuales deberá contar con mayoría calificada en el pleno, con tres cuartas partes de los votos de los Legisladores.

Otros de los principales cambios consisten en que el Senado pierde la facultad de remover al Jefe de Gobierno y que la autonomía que tendrá la Ciudad de México en materia de seguridad será limitada ya que el Presidente de la República podrá remover al Procurador y al jefe de la policía local.

Faltó establecer en la nueva ley la fecha en que deberá emitirse la convocatoria para la integración del Congreso Constituyente, pero  sí señala los requisitos a cumplir por quienes aspiren a conformarlo: No podrán estar registrados en los padrones de afiliados a los partidos políticos con la fecha de corte a marzo de 2016, ni haber participado como precandidato o candidato a cargos de elección popular, postulado por algún partido político o coalición, en elecciones federales o locales inmediatas anteriores a la elección de la Asamblea Constituyente.

Otros más

El partido Morena votó en contra argumentando que con la reforma “no hay una real autonomía” ya que la integración del Constituyente de la Ciudad de México tendrá una clara injerencia del Presiente de la República en sus funciones”. El Senado ofreció dar entrada a la minuta que se le turne desde la Cámara de Diputados, así que quedará aprobada.

Otra iniciativa aprobada como propósito de cambio para el próximo año es la que se refiere al establecimiento de la Secretaría de Cultura. Esto no había sido posible por atender a los intereses creados en los distintos organismos que tienen sus propias jefaturas independientes como Conaculta, el Instituto de Antropología, Radio Educación, INBA y otros más que ahora dependerán de la nueva Secretaría de Cultura. Esperamos que con este cambio se dé un impulso más amplio a la cultura y se pueda racionalizar el gasto burocrático, para invertirlo en acciones eficaces.

Otro propósito de año nuevo que ha sido poco festinado, pero que tiene gran trascendencia para la vida familiar, es el proyecto anunciado sobre la inversión que se hará para resolver el problema del hacinamiento en las viviendas. Por años se han construido casas que no son aptas para ser habitadas, por su tamaño, por su ubicación y por la falta de servicios como: vialidades, transporte, escuelas, hospitales, etc.

En ocasiones se han desperdiciado recursos sólo para publicar que se construyeron grandes cantidades de viviendas. El que ahora se empiecen a corregir esas viviendas, agregándoles cuartos y con servicios en su zona, es una buena noticia, queremos creer que no sea sólo otra propaganda, las familias lo necesitan y esperamos que en 2016 tengan un Feliz Año Nuevo, con una casa mejor.

En el ocaso de 2015 vale la pena evaluar el año electoral en América Latina a la luz de lo que fueron, al inicio de los ochenta, las transiciones a la democracia. Al cumplirse 32 (Argentina), 30 (Brasil y Uruguay) y 29 (Guatemala) años del retorno de la democracia, conviene recordar algo del ánimo con el que se reimplantaron las democracias. La generación de Raúl Alfonsín, José Sarney, Julio María Sanguinetti y Vinicio Cerezo, parecía capaz de conjurar los demonios de la inestabilidad y que íbamos en ruta a construir mejores sociedades. No fue así.

No todo se perdió; Uruguay, por ejemplo, ha tenido una serie de gobiernos civiles que incluyó más recientemente a José Mujica, quien aportó la posibilidad de imaginar presidentes latinoamericanos humildes, sensatos, libres de corrupción y capaces de vivir de manera simple, alejados del boato y los excesos.

Tristemente, Uruguay ha sido la proverbial golondrina incapaz de traer una primavera. Ningún otro país de la región ha logrado entender las virtudes de la moderación de sus políticos y evitar excesos, retóricos o de otro tipo.

 Más bien, los últimos 20 años han sido la época de lo que la Brookings Institution, llama “la fiebre reeleccionista, que lamentablemente goza de muy buena salud y es una mala noticia para América Latina, caracterizada por la debilidad institucional, la personalización de la política, la crisis de los partidos y el híper presidencialismo”.

Gracias a los excesos de nuestros políticos, nuestras democracias son demasiado débiles, dependen de figuras que se eternizan en los cargos y de redes de incondicionales. Así ha sido con Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua. Y no es cierto que sean sólo las izquierdas.

Quien detonó la fiebre reeleccionista fue Carlos Saúl Menem cuando reformó la constitución en 1994 para permitir una reelección y luego, en 1998, cuando trató de establecer la reelección ilimitada, y Álvaro Uribe, muy de derechas, quiso seguir la misma ruta reeleccionista en Colombia.

La variante de la fiebre que incluye a los familiares de los “caudillos democráticos”, también se manifestó primero en Argentina: Cuando Néstor Kirchner buscó a su sucesor en 2007, no tuvo que ir más allá de su recámara. Su esposa Cristina Fernández le sucedió y ella misma se reeligió en 2011 y, como Menem, exploró la posibilidad de reelegirse de manera indefinida. Hay incluso quienes, como Sandra Torres, ex esposa de Álvaro Colom, expresidente de Guatemala, se divorciaron de sus maridos para ser candidatas a la presidencia.

Las elecciones de 2015 en América Latina renovaron la esperanza en algunos países. En Guatemala parece que fortalecen la reforma anti-corrupción. En Venezuela, luego de 16 años, la población decidió limitar a Nicolás Maduro, al entregar el Congreso a la oposición.

Algo parecido, aunque menos contundente, ocurrió luego de doce años de gobiernos de los Kirchner en Argentina, con la victoria de Mauricio Macri que enfrenta una situación muy difícil por los caprichos de la señora ex presidenta, quien en la agonía del poder retacó la nómina gubernamental con incondicionales, saboteó la ceremonia de traspaso del poder con actitudes propias de un culebrón e insinuó el retorno del peronismo violento e intolerante, que saboteó a Alfonsín y a Fernando de la Rúa.

En Brasil, Dilma Rousseff ganó su reelección, pero lo hizo gracias a una pirámide de corrupción que creó un socavón del tamaño de Maracaná en las finanzas del Estado. Como están las cosas, la señora presidenta podría serlo hasta 2018, pero lo será en condiciones de suma fragilidad. Ojalá que 2016 sea mejor.

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